viernes, octubre 20, 2006

El primer capítulo de Fogel


Aunque suene feo, esta es una exclusiva. Es el primer capítulo del notable libro que escribieron Jean Francois Fogel y Bruno Patiño -los cerebros de Lemonde.fr- y que aún no ha sido publicado en español. La Prensa Sin Gutenberg es un manifiesto de los nuevos tiempos, es una reflexión profunda a los cambios que están viviendo los medios -y la sociedad- con internet y es, también, un anuncio sobre las preocupaciones que debemos tener los que estamos más cerca de los futuros periodistas. Lemonde.fr es un referente mundial al que la mayoría de los medios observa con atención. Por eso, aunque el texto sea muy largo para un blog, es sin duda fundamental. La traducción fue realizada por el equipo de Clarin.com.


Por Jean Francois Fogel y Bruno Patiño

Reconocimiento online

Este ensayo salió de una experiencia. Convocados en el comienzo del verano de 2000 a construir, con otros, la audiencia y la rentabilidad del sitio de Internet creado para el diario Le Monde, sus autores participaron desde entonces en el desarrollo del periodismo online. Esta experiencia es, depende del costado en que la miremos, insignificante –cinco años solamente-o enorme porque recorre sobre más de la mitad de la historia de los sitios informativos.
Este universo de pioneros que manipulaban una serie de herramientas no es más que la sumatoria de las prácticas que allí se implementaron. La nueva prensa es tan joven que no tiene teoría, ni historia, ni manual de sus innovaciones (…) La prueba de los acontecimientos les ha enseñado la naturaleza de sus empresas, los roles de los trabajadores y de las tecnologías y el lugar prometedor a Internet en el universo de los medios. Todos tuvieron en común inventar y enseñar –a la vez-eso que en adelante se constituiría como un oficio periodístico abruptamente diferente al escrito y al audiovisual.
Este saber profesional que es constantemente revisado – por la obligación de innovar – es producido por todos y por nadie en particular. El es el que constituye el contexto de la reflexión del que se nutre este libro.

EL NUEVO REGIMEN DE LA PRENSA
Es una vieja historia. Esa de un aduanero que inspecciona un camión. El chofer no tiene cargamento. El aduanero lo deja traspasar la frontera sin preocuparse pero ve volver sin cesar, durante años, a este chofer que no transporta nada. Nada en el vehículo que conduce revela la presencia de una mercadería ni de nada escondido. Sin embargo, en los momentos de exasperación, el aduanero desarmaba el camión pieza por pieza porque era evidente que esos viajes escondían un tráfico.
Algunas horas antes de jubilarse, en el momento de terminar su última jornada laboral, el aduanero vio aproximarse al chofer que no transportaba nada. Tras prometerle impunidad le suplicó, después de una última inspección infructuosa, que le revelara su fraude. “Es el final, dijo, esta tarde yo dejo la aduana. Pero para tener una jubilación pacífica, antes de partir, necesito saber: ¿es droga, son divisas, un pasajero clandestino, oro…? ¿De qué tráfico se trata?” Tres palabras mataron al futuro jubilado: “tráfico de camiones”.
Los pioneros del periodismo electrónico han contado durante mucho tiempo este chiste identificándose con el chofer. Pues sus colegas de los otros medios, sus proveedores, e incluso sus accionistas y colaboradores han soñado acerca de lo que ofrecía la prensa online. Para unos eran periódicos distribuidos más rápidamente. Para otros, la señal de la radio o de la televisión liberada de las ondas y de la obligación de difundir continuamente. Para otros distintos, directamente del productor al consumidor, las informaciones de las agencias de prensa. Para los últimos, un añadido a las listas de noticias más consultadas, que Google o Yahoo! actualizan constantemente.
A menudo una maldición se añade al cargamento. Los cerebros éticos predijeron la venta online de localidades en las secciones culturales y la aparición de corredores en las financieras. Los letrados veían en los periodistas del nuevo medio a aprendices de brujo con el objetivo de asesinar lo impreso. Y los paranoicos descubrieron atrás de los sitios de la prensa a un “Big Brother” residente en Washington, una mundialización de la información al servicio de las multinacionales o la promoción de una utopía libertaria que confundía ciberespacio y lugar de la libertad.
Esta mirada sesgada, que sospecha de un cargamento y no ve el camión que la transporta, es el déficit de reconocimiento del periodismo online. Ignoramos cuán específica es su actividad. Los sitios que difunden música, venden viajes o manejan subastas, proponen escuchar la misma música que la del CD comprado en una disquería, subirse al mismo tren o avión que con un boleto adquirido en una agencia o comprar el mismo objeto que adjudica un rematador. Los sitios informativos escapan a esta similitud. Lo que publican online no se confunde con lo que ofrece el periodismo con un libro, el periódico, el cine, la radio o la televisión.
Una prensa nueva nació en Internet. Con su identidad, su lenguaje y un crecimiento tan pujante que amenaza a sus competidores. El miedo de que los sitios informativos les hagan perder lectores, se convirtió en la rutina de los periódicos. Este juego inútil donde una prensa ganará en audiencia y en ingresos publicitarios lo que otra pierde implica una vista falsa, estrecha, de una ruptura histórica.
El periodismo se ciega al igual que otras corporaciones confrontadas a una revolución tecnológica. Quiere creer que un asiento suplementario tapizado de Internet será suficiente para que los mismos medios masivos ocupen su sitio alrededor de la misma mesa informativa y jueguen la misma partida delante de una audiencia muda. La primera década del periodismo online barrió esta ilusión. Internet no es un soporte más, es el fin del periodismo tal como lo conocimos. Sometido a la omnipresencia de un medio nuevo, poco a poco despojado de la competencia entre sus diversos soportes, revisa un poco más cada día su relación con la audiencia. La prensa no ha comenzado un nuevo capítulo en su historia, más bien ha iniciado otra historia bajo el régimen de Internet.

El tercer ataque
A comienzos del siglo XXI, el terrorismo produjo un impacto mediático. Los ataques mortales perpretados en menos de un lustro contra Nueva York, Madrid y Londres han expuesto el campo de acción de Internet, la forma y la influencia de las informaciones que allí circulan. Cada uno de esos tres torbellinos del mundo midió la red mundial que en adelante se convertiría en la referencia mediática.
En contra de lo que comúnmente se creería, la destrucción de las torres del World Trade Center en Nueva York –el 11 de septiembre de 2001-no demostró el poder del nuevo medio. Internet no estaba a la altura de un acontecimiento global.
“Después del 11 de septiembre nos dijimos: nunca más”, es una frase repetida desde entonces no para expresar la necesidad de terminar con el terrorismo sino para evocar las técnicas apropiadas para hacer frente a un aumento considerable de tráfico. Los editores comprendieron que la demanda del público existe y que responderán dispersando los contenidos, textos, fotos, páginas en diversos puntos de la Red desde donde será más fácil difundirlos. Los sitios no son ya concebidos como los medios emisores a partir de un único punto, a la manera de un periódico o de una trasmisora radial, sino como los promotores del flujo sobre una red planetaria.
Lógicamente, el 11 de marzo de 2004, con los atentados contra los trenes que transportaban a la gente de los alrededores a la estación de Atocha, en Madrid, la mayoría de los sitios batieron su record de audiencia, especialmente en Europa. En el seno de un tráfico ya fluido, la presencia de mapas, gráficos, foros y chats prueba que el medio sobrepasa los textos y las fotos de los que se limitaba su contenido al principio. Muy rápidamente los sitios en español de El País y El Mundo, reconocidos por sus infografías interactivas, propusieron animaciones copiadas en todos lados ya que ofrecían una representación clara y dinámica de las explosiones múltiples de las bombas y de la investigación policial que siguió. Instalado en el primer rango de los medios por su interactividad, Internet dispuso, en adelante, de sus propias cartas.
Con los atentados en los transportes públicos londinenses, el 7 de julio de 2005, Internet toma toda su dimensión. En el correr del día –como en los casos precedentes los terroristas golpearon al comienzo del horario de oficinas¬, la red encaminó un contenido diversificado en un tráfico en el que la repartición estuvo a la altura de una de las grandes metrópolis del planeta. Así, entre los 1.3 millones de visitantes que accedieron al sitio de The Guardian, más de medio millón se conectaron –idioma obliga-desde los Estados Unidos. Los internautas madrileños, que conocían el horror de un atentado semejante estuvieron, después de los de Londres buscaron estar informados y totalizaron la mayor cantidad de visitas desde una ciudad europea. Internet asume todas las demandas: el poderío interesado de los Estados Unidos, la impresión de la capital que fue la mira precedente y la necesidad de información local. Pero el medio va esta vez más lejos, ensanchando el perímetro del público y los límites de su red.
Se cae la frontera entre los periodistas y su audiencia. “Algunos minutos después de la primera explosión, recibimos las primeras imágenes del público. En menos de una hora teníamos 50”, cuenta Helen Boaden, directora informativa de la BBC. Las víctimas de los atentados utilizaron las cámaras de sus teléfonos celulares para alimentar un periodismo de ciudadanos que nutriría al planeta entero. En el sitio de la BBC, los testimonios fueron ensamblados a la manera de un rompecabezas de imágenes y de palabras que cubría la capital, comprendidos sus hospitales y el recorrido del metro, y que los sitios del mundo entero también reprodujeron. La BBC y MSNBC.com ofrecieron un diario íntimo online a las personas que hicieron los aportes más pertinentes, con el fin de que publicaran el testimonio de supervivencia en el atentado contando: los cuidados que recibieron, las reacciones de su entorno, las preguntas de los periodistas, etc.
La marea de la expresión espontánea fue tan fuerte – en 24 horas: 20 mil mails, más de mil fotos y 20 videos utilizables-que se cayó una segunda frontera: la que separa a Internet de los otros medios. Más allá de de la utilización de testimonios tomados sobre Internet en la preparación informativa, las cadenas de televisión de la BBC, ITV y Skynews difundieron videos y los diarios como The Daily Mail y The Guardian fotografías tomadas de la red. El país que inventó el modelo del “periodismo anglosajón”, nutrido de la leyenda de los diarios de Fleet Street (…) ve convertirse a Internet en el primus inter pares de los medios aunque vivió la jornada más amenazante después de la Segunda Guerra Mundial.
Se trató de uno de esos momentos en los que se define el curso de los acontecimientos futuros. Internet estuvo, entonces, a la altura de las expectativas engendradas por los primeros años de su existencia. El medio actúa como proveedor de los otros medios y como distribuidor en el público, como receptor y emisor informativo, él es a la vez contenido, canal de difusión, centro de archivos actualizados constantemente y espacio de debate. En este desplazamiento no falta la afirmación de un formato interactivo propio en el periodismo online puesto que los sitios de la BBC y de The Guardian publicaron sus reportajes principales en los blogs más que en los artículos. En una red abierta, donde cerca de un millón de internautas pueden producir, agrupar y transferir información, no hay ningún espacio reservado a los periodistas. Los sitios de información no suministraron, además, más que el 5.6% del tráfico de Internet de la ciudad durante el ataque de la capital inglesa.
Pero el periodismo no se confunde con un flujo de noticias: la manera en la que ellas son recibidas cuenta tanto como su contenido. Es solamente cuando se ajusta el triángulo que tiene como vértices al acontecimiento, su tratamiento periodístico y la reacción de la audiencia, que un medio muestra estar acorde con la información. Esta demostración, no premeditada por los terroristas de Londres, se estableció online: Internet se instaló profundamente en el periodismo.

Todos online
Cuando aparecieron los sitios informativos, el único recurso indispensable para convertirse en editor online era tener contenido –texto, después imagen, sonido y por último video – para publicar. (…) Estos medios aparecieron en medio de un movimiento interno de las empresas de prensa más interesadas en Internet como motor para aumentar sus ganancias que en los cambios estructurales que ocurrirían.
“Miramos el presente con la ayuda de un retrovisor. Marchamos para atrás hacia el futuro”, se indignaba McLuhan, quien concebía a un medio como una experiencia personal más que como contenido. Los primeros pasos de Internet le dieron la razón: buscando en el retrovisor lo que venía del papel o de las ondas radiofónicas para volverlo a tener en la red, se omitió seguir la experiencia vivida frente a la pantalla. Antes que la difusión del contenido de los otros medios, Internet ofrece otra aproximación, tan renovada y mezclada que desestabiliza el fondo mismo del periodismo escrito y audiovisual.
Primer toque, la escritura. Rompe el vínculo establecido después de Gutenberg entre escritura e impresión constituyéndose forzosamente en una revolución. (…) Confrontado al sonido, al video y a las animaciones interactivas, compuesto por caracteres de un tamaño modificable, reproducible por el copy & paste, el texto no es más el emperador de los signos, más bien una señal banal, que aparece en las pantallas de todas las redes.
Las dificultades de los diarios de los países industrializados que revisan precios, formatos y fórmulas de redacción encuentran su origen en esta experiencia nueva: la generalización de la lectura en la pantalla. Un informe de la asociación mundial de periódicos dice: “La historia de los diarios gratuitos y de su desarrollo implacable es, de hecho, la historia de una nueva generación.
Nosotros podemos llamarla la generación Internet… Los más jóvenes no asocian la lectura con la idea del esfuerzo. Para ellos, la lectura es puramente visual, es una experiencia similar a mirar televisión, la pantalla de una computadora o de un teléfono celular.”. La flexibilidad del inglés ya produjo el termino view-paper(diario para ver) en lugar de newspaper(diario de actualidad) con el objetivo de designar a los diarios que responden a esta demanda.
Para el audiovisual, el choque no es menor. Internet ofrece una difusión global, pero esa ganancia en influencia espacial se paga con un menor control del tiempo. Todo evolucionó según las predicciones hechas, hace más de 10 años, por Nicholas Negroponte, fundador del laboratorio de Medios del MIT: “la tecnología sugiere -con la posible excepción del deporte y las jornadas electorales-que la televisión y la radio del futuro serán emitidas de manera asincrónica”. Radios y televisoras online ofrecen tan exitosamente la transmisión en directo que la de los boletines informativos o la programación a voluntad. Esta escucha colectiva fundada en la retransmisión de acontecimientos y la presentación de noticias en directo, constituye el fin de la audiencia.
El error estaría en creer que Internet se contenta con robarle a cada medio su característica distintiva, quitarle a la escritura el monopolio del texto, y a los medios audiovisuales la sincronización de la escucha para privilegiar su propio flujo, múltiple, reactivo, interactivo. El régimen de Internet es aún peor: erosiona la competencia entre las formas de periodismo, procede con la escritura, con lo audiovisual y, con más razón, con la prensa online. Internet descarta las definiciones estrechas: la radio anuncia la noticia, la televisión la muestra, el diario la pone en perspectiva… De un sitio al otro, todos los contenidos desfilan sobre la misma red, con una única etiqueta: disponible online. Sobre la pantalla, las especificidades de cada prensa se transforman en simples variaciones de una sola experiencia, el periodismo difundido en Internet.

El otro mundo
Que una metáfora designe a Internet como un universo virtual no aliviana en nada la obligación nueva y absolutamente real de los periodistas. Ellos siguen la marcha del mundo pero, en adelante, existen dos mundos: el real y el ciberespacio. El segundo apareció de manera explosiva: entre 1993 y 1997, en número de sitios pasó de 250 a 2.450.000; empresas, instituciones, asociaciones, individuos se convierten en medios online. El desafío que Internet lanza a la prensa tiende menos a la invención de un medio o a la aparición de un nuevo soporte que a esta proliferación súbita de comunicación de la cual hay que dar cuenta.
Desde la creación de los primeros periódicos modernos, la prensa reportaba la actividad de las elites políticas, financieras, universitarias, culturales, etc. El progreso de la democracia, el alza del nivel de vida y la difusión de una cultura de masa obligaron a ajustar este primer trabajo el seguimiento de la vida de las sociedades, la evolución de los saberes y la crónica de los acontecimientos más diversos. La creación de Internet no invalida las aproximaciones precedentes, pero obliga a completarlas con un tercer paso: dar cuenta de una sociedad de la información que explota sobre la red mundial y no se confunde con las elites o con la sociedad a secas.
Se trata de una dimensión tan nueva del periodismo –informar sobre la información-, que pasa a menudo desapercibida. Pero ella ha dado forma a los sitios informativos desde su creación en 1996 y 1997. Esta obligación ejercida sobre una cultura nueva está perfectamente establecida por un estudio desarrollado en el seno mismo de los primeros sitios que se crearon en los Estados Unidos. El objetivo de este trabajo era investigar cómo los equipos pasaron de puesta online de textos preparados en el seno de las redacciones clásicas al ejercicio de un periodismo propio de Internet. La conclusión del autor, Pablo Boczowski, profesor del MIT, es que no ha habido transición, sino ruptura. Ocuparse del seguimiento y la producción de la información online, la redacción debe darse vuelta hacia otra cultura donde “la noticia misma parece cambiar pasando de la tinta en el papel al píxel en la pantalla”. (…)

Indígenas e inmigrantes
(…)
El periodismo de los tiempos numéricos es descentralizado, interactivo, abierto, innovador. Permite respirar otro aire. Tal vez porque muchos periodistas online, por su edad y su formación, son indígenas de lo numérico. (…) Este nuevo universo es el de los mensajes instantáneos, de una comunicación en todo lugar y a todo momento en un paisaje proliferante y parcelado entre terminales de computadoras, consolas de juegos, asistentes personales inteligentes, teléfonos celulares, pero también una cantidad de revistas y de cadenas de televisión y de radio como nunca antes existió. (…)
¿Qué será de la prensa, y que será de la prensa online en un mundo donde Internet se expande al punto de estar disponible en todos lados, sin que haya que preocuparse por la conexión ni por la velocidad? (…) Ningún soporte es excluido, pero nadie garantiza que la prensa mantenga el rol de mediador obligado entre la audiencia y la información. Tampoco es certero que sus especificidades se mantengan significativas en el furioso borbotón comunicacional. (…)
Nuestra actitud reposa en la convicción de que el periodismo, tocado por la difusión de las tecnologías numéricas con Internet en el primer rango, no es arrastrado a reinventarse. Y que naturalmente lo ha hecho antes en ese lugar donde sostiene su innovación: en línea. Los sitios informativos son las primeras respuestas a las demandas nuevas de los indígenas de lo numérico. Pero estas respuestas, ajustadas en el transcurso de casi 10 años, hablan con elocuencia del futuro de la prensa. Online o cualquier otra.

Traducción: Julia Tortoriello – Clarín.com.

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3 Comentarios:

Blogger fpaulsen dijo...

Gran aporte, Andrés. Qué ganas de leer el resto del libro. ¿Alguna chance de que haya traducción al español o inglés que tú sepas?

11:47 p. m.  
Blogger andrés Azócar dijo...

Esperamos tenerlo traducido recién para marzo, como material académico, pero evidentemente si Fogel me autoriza, podré seguir subiendo capítulos.

Clarín lo tradujo más rápido porque Jean Francois hará un taller de una semana allá y lo necesitan para las clases. Pero sólo el capítulo 1.

La traducción al inglés no sé el porqué no está. Pero haré la averiguaciones con Fogel.

Si logramos avanzar más rápido con el español, te las mando por correo.

10:28 a. m.  
Blogger fpaulsen dijo...

Merci

9:03 p. m.  

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