martes, abril 15, 2008

La nueva jugada de Lessig

Lawrence Lessig primero luchó porque la creatividad no estuviera restringida por los cánones (algo obsoletos ya) de los copyright. Su cruzada se llamó Creative Commons (CC) y le dio a Lessig un nombre y una batalla muy popular para las nuevas corrientes culturales, que simpatizan más con los RSS que con la industria. Lessig es abogado y profesor de Stanford, pero más que eso, es un gran orador y promotor de sus causas. Sus conferencias abundan en la web, tanto como sus charlas y libros. Su visión de una sociedad más participativa ahora lo llevó a fundar el proyecto Change Congress, una plataforma para hacer del actual Congreso Estadounidense (y sus moradores) una institución más transparente y participativa. Esto no sólo apunta al registro de lobbistas sino al corazón mismo de la burocracia parlamentaria. Su nueva batalla mucho tiene que ver con la experiencia de CC, que se ha visto desintegrada por los poderes que corren paralelamente al Capitolio. Lessig en el fondo es el defensor de la nueva libertad de expresión, esa que recoge los antiguos principios pero que suma los nuevos: la libertad de contenidos. A continuación un notable video al estilo Lessig, el sitio y una entrevista del diario El País.

Chage Congress
Video Change Congress
¿Por qué creó Creative Commons?
Para entender lo que es Creative Commons [CC], hay que entender el problema que trata de resolver. Las leyes del copyright regulan las copias de las obras pero, en el mundo digital, cada uso individual de cualquier obra crea una copia. Eso significa que, en principio, tienes que tener una licencia para cada uso, aunque seas un niño que utiliza imágenes de Disney para un proyecto del colegio. Sin embargo, muchos creadores no quieren que el control de su obra esté tan restringido; prefieren que la gente haga cosas con su trabajo, que lo copie, que lo comparta, que realice proyectos. Las restricciones del copyright no tienen sentido en este contexto. Es una tragedia que hayamos creado un régimen que concibe la creatividad de millones como ilegal. Y es importante tener este debate.

¿Por qué?
Porque la tecnología está cambiando la relación de la gente con la cultura. Hacer un disco o una película estaba reservado a un pequeño grupo de gente, y muchas formas de expresión cultural han acabado siendo desechadas. Lo que las tecnologías digitales han conseguido es que, de nuevo, un montón de gente pueda participar en esta creación cultural. Y en lugar de impulsarlo, la ley está en contra de esta nueva creatividad.

¿Puede haber creación sin industria?
No. Y ésta es una de las razones por las que pienso que el copyright es esencial, incluso en la era digital. Nada de lo que hacemos intenta negar la importancia de la industria, pero el modelo de industria tradicional que fue desarrollado en el siglo XX no tiene sentido en el XXI. No es un debate a favor o en contra de la propiedad, es un debate sobre cuál es el régimen que permite a la mayor cantidad de gente posible ser creativa, mientras se protegen los necesarios incentivos comerciales de la industria. Lo que hay que pensar es si el modelo de protección de las obras de Madonna es el que tiene sentido para todas las formas de creatividad del mundo. Es un modelo muy particular desarrollado en un momento muy particular, con un determinado tipo de tecnología. La idea de que debe haber un solo modelo para todos los tipos de creatividad es ridícula. Y CC no es una manera de impedir que la gente explote sus obras; es una manera de ayudar a los autores a decidir cómo hacerlo.

Usted menciona en su libro Cultura libre que el problema es que hemos dejado que los más amenazados por este cambio sean los que han desarrollado las leyes.
Así es. Uno de los mayores problemas de este tema es la corrupción del sistema, no en el sentido político, sino por el hecho de que la industria cultural ha tenido mucho éxito en crear lobbies.
¿Qué piensa del intercambio de obras creativas por Internet?Espero que la gente no use las redes P2P [de intercambio] para violar el copyright de otros. Lo digo porque no creo que se deban violar los derechos de nadie pero, además, porque esa actividad es la gran excusa que tiene el otro lado para decir "debemos controlar Internet", haciendo que sea más difícil para nosotros centrar la atención en la actividad creativa, que no debería estar limitada por el copyright. Pero no importa lo que haga la industria. Puede poner barreras técnicas o denuncias, pero no va a detener el intercambio de archivos.

¿Y ha servido para algo esta guerra?
Los niños son criminales y los artistas no ganan dinero.

En España hay una polémica, la imposición de un canon en cada dispositivo digital susceptible de contener obras creativas, incluidas cámaras fotográficas. ¿Qué opina?
No conozco las particularidades de la propuesta española, pero lo que no entiendo del sistema europeo es que aúna lo peor de dos mundos: el sistema americano no impone tasas sobre ningún dispositivo, pero sí intenta controlar las copias, y el europeo puro impone tasas a la tecnología, pero te deja libertad para copiar. Eso significa que si compras un reproductor eres libre de llenarlo con la música que quieras, porque ya pagas. Europa no se decanta por ninguno de estos sistemas: tiene los dos. Tiene el impuesto, pero también las restricciones. Deberías pagar por el copyright una vez, y si pagas un impuesto por los dispositivos, entonces deberías ser libre de hacer copias.

¿Qué le diría a los autores españoles que creen que no hay nada más que el copyright frente a la copia desenfrenada de Internet?
Deberían saber que el modo en que están protegidos depende de tecnologías y modelos de negocio del pasado. Por ejemplo, el editor de mi libro Cultura libre pensó que debía estar gratis en la Red. ¿Por qué tiene sentido? Bueno, no es un libro corto, así que el coste de imprimirlo es mayor que el de comprarlo, y el editor pensó que, si lo ponía en la Red, mucha más gente lo conocería y lo compraría. Y el editor no quiere perder dinero. Intenta hacer más.

¿Y funcionó en su caso? ¿Hizo dinero con su libro?
Bueno, hice tanto dinero como me prometieron. Y el libro ha sido descargado más de medio millón de veces. Eso es extraordinario para un académico [se ríe].

Etiquetas: ,

martes, marzo 25, 2008

El proyecto Soitu


En dos días, Gumersindo LaFuente será premiado con el Premio Porquet del Periodismo Digital, un distinción ligada al Congreso Nacional de Periodismo Digital de Huesca, que ya va en su IX versión. Sindo, como le dicen sus amigos, fue la cabeza de Elmundo.es, el website de noticias más exitoso en la lengua española. El mayor mérito es que el periodista español era formado "genéticamente" en el periodismo tradicional. Hoy, LaFuente está a cargo de un nuevo proyecto, Soitu.es, una plataforma de noticias, pero que no busca ser un breaking news, sino apuntar a contenidos. La construcción del sitio se realizó a vista de la gente, como también la contratación de los periodistas. Con cierta inclinación por el periodismo ciudadano, Soitu tiene muchos desafíos, especialmente en un país acostumbrado a seguir el curso de la vida de la mano de los website tradicionales. Pero las propuestas de diferentes temas, personajes y su complemento con la tecnología, hace de este sitio un proyecto para seguirle la pista. La siguiente es una pequeña entrevista de Gumersindo a HijodelMedio.
¿Qué cosas tomaste en cuenta y qué desechaste a la hora de crear Soitu.es?

Nos interesa el periodismo, la Red y la participación. Queremos construir una herramienta que sea útil para estar informado pero que también ayude a navegar mejor por Internet. Y que esté muy abierta a la colaboración de los lectores. Pero que puedan hacer muchas más cosas además de opinar sobre las noticias. Pero necesitábamos ser diferentes, en la forma y en el fondo, para poder ocupar un nuevo espacio.

¿Ya traías la experiencia del Elmundo.es, que llevaste a las casi 10 millones de visitas únicas…por qué no seguiste con el modelo clásico de un sitio de noticias y buscaste otra fórmula?
En España hay mucho nivel en los sitios de información de última hora y nosotros queremos hacer otras cosas, de más largo recorrido. Después de mucho tiempo experimentando con la pura información de última hora necesitábamos un reto nuevo. Un sitio más cercano al espíritu y la tecnología de la Red y cada vez más alejado de los compromisos y condicionantes del periodismo tradicional.

Soitu busca tener una estrecha relación con sus lectores, para que desarrollen contenido, sin embargo hay algunos estudios que cuestionan la capacidad de la audiencia de crear contenidos y creen que no pasan de los comentarios de notas, las votaciones y el diseño de pequeños contenidos. ¿Cuál ha sido tu experiencia?

Creemos que hay que ir poco a poco en este campo. Hay que hacer mucha didáctica de participación, lograr que ese pequeño porcentaje de lectores que es capaz de contar historias que pueden ser interesantes para los demás se animen a hacerlo. Es una tarea compleja, no se logra en unos meses, por eso nuestro sitio no está basado en esos contenidos, van a ir tomando protagonismo con el tiempo, al ritmo que se lo vayan ganando por su calidad.

Soitu se ve muy robusto en avisaje a pesar de llevar poco tiempo funcionando ¿crees que es posible ser "independiente" y hacer periodismo ciudadano y seguir contando con publicidad?

La publicidad irá allá donde estén sus clientes potenciales en un número suficiente. Nosotros estamos convencidos de que nuestra fórmula mixta (periodismo profesional riguroso e historias ciudadanas de calidad, más tecnología punta de Internet, tiene futuro y puede ser rentable.

¿Cómo visualizas el futuro de los sitios de noticias. Algunos expertos en el tema, dicen que van a desaparecer y los websites de noticias finalmente se van a adaptar a otros contenidos?

No lo creo así. Internet es la herramienta perfecta para hacer periodismo, habrá una evolución, una especialización, se utilizarán nuevas herramientas y lenguajes, pero creo que el buen periodismo tendrá cada vez más protagonismo en la Red.

Cómo ves a Soitu participando en las redes sociales. Es posible una relación de provecho mutuo.
Sin duda y lo vamos a ver en los próximos meses.

Etiquetas: ,

sábado, diciembre 15, 2007

David McCraw, la ley del NYT

Hace unas semanas una destacada -y premiada- periodista chilena tuvo la extraña idea de comparar el comportamiento del NYT durante la Guerra de Irak con el del Pravda en la época de Stalin. Más allá de ser un ejemplo poco "reporteado", el diario sigue siendo tema de interés en todos los niveles de discusión. Lo que hace o no hace dentro y fuera de las presas es discusión asegurada. La nueva aceleración de internet lo ha llevado a someterse a los ojos de inversionistas y expertos. Y a su propia realidad: por primera vez en los últimos 30 años, el diarios neoyorquino presupuesto menos ingresos por publicidad (no considera el website). En la siguiente entrevista, publicada en Capital, el investigador de la UDP,
Arturo Arriagada, conversa con el vicepresidente del NYT, abogado David McCraw. Sus respuestas dan algunas ideas sobre lo que está pensando el diario para los próximos años y la defensa de la libertad de expresión, comentarios que definitivamente parecen estar muy lejos de los que hubiera hecho León Trotzky, fundador del Pravda.

Por Arturo Arriagada

En un contexto de guerra contra el terrorismo por parte de Estados Unidos ¿Cuál es su visión respecto a la libertad de expresión e información en ese país?

Creo que los EE.UU., en comparación con otros países, tiene una gran libertad de acceso a la información. La administración de Bush ha estado muy preocupada de la seguridad nacional y como resultado ha tendido a mantener más cosas en el secreto que sus predecesores. Esto le ha generado al NYT dificultades para obtener información. Nuestra convicción es que, por más que se apele a la seguridad nacional, aquello relacionado con el debate político no puede mantenerse en secreto. En 2005 el NYT publicó un artículo sobre las grabaciones secretas de conversaciones telefónicas por parte del gobierno luego del 11-S. El enfoque de esa investigación era indagar sobre la ilegalidad del asunto y, en particular, por qué para el gobierno de Bush eso era lícito. Nosotros creemos que esa información debiera ser pública, porque es información que no tiene que ver con aspectos relacionados con la tecnología, por ejemplo. Luego, al ser denegada la información por parte del Departamento de Defensa, presentamos una demanda. No sabemos cómo terminará el juicio, pero la Corte dio un plazo para que el organismo nos dé una respuesta. Históricamente, los gobiernos en tiempos de crisis quieren tener más control y poder, pero nuestro rol como periodistas es testear ese poder. Para eso hay una corte que decidirá si estamos equivocados o no.

En Chile, próximamente, se votará el proyecto de Ley de Acceso a Información Pública, pero hace poco el Senado rechazó una norma que los obligaba a rendir cuenta pública de su gestión. ¿Cuáles son las ventajas de estos instrumentos legales para las democracias? ¿Entrega un mayor poder de fiscalización?
El acceso a la información es un medio y no un fin. Buenas cosas ocurren en sociedades transparentes cuando existen leyes de acceso a la información: se fortalecen las democracias, se frena la corrupción, se generan incentivos para que la gente confíe en el gobierno, entre otras consecuencias. Para que las personas confíen en el gobierno, ellos deben rendir cuentas públicas de su gestión. Hay muchos estudios que señalan que en los países desarrollados la transparencia está relacionada con el desarrollo económico, ya que la gente quiere invertir en países donde sientan que serán tratados de manera justa, con regulaciones claras. Todos esos factores fortalecen la democracia, mejoran el actuar de los gobiernos y generan tranquilidad en la ciudadanía. Cuando los gobiernos, por ejemplo, regulan a los medios de comunicación, destruyen su credibilidad y la de los medios, la gente no le cree a esos medios, porque están regulados por el gobierno. El instinto natural de los gobiernos al estar bajo presión es pensar que una prensa libre va a desestabilizarlos. No estoy seguro si hay evidencia para probar eso.

Actualmente, el NYT, en conjunto con otras organizaciones como Associated Press, están solicitando al gobierno información respecto a los presos en la cárcel de Guantánamo. ¿Cómo se ha desarrollado ese proceso, que es uno de los temas más sensibles para el gobierno de Bush?

Estamos liderando un grupo de medios de prensa para obtener información de los juicios que se están llevando a cabo en la cárcel de Guantánamo. Queremos saber los nombres de la gente que ha quedado detenida allí y los procesos en su contra. ¿Estos procesos debieran ser públicos? Claro que sí. El gobierno, lejos de permitir a los reporteros viajar a Guantánamo y ver los procesos, señaló que no podía entregar esa información porque los militares tenían que proteger la privacidad de los detenidos. Hay muchas críticas a Guantánamo y esta es la posibilidad que tenemos para mostrarle al mundo que la gente puede acudir a una audiencia justa. El problema es que ninguno de los documentos ha sido liberado. Si un abogado hace una moción para excluir evidencia o para desclasificar información, nunca vamos a poder saberlo. No hay documentos al respecto y no sabemos cómo se han tomado las decisiones respecto a los juicios y detenidos.

Hace pocos meses, y en plena transmisión por Internet del popular festival de música Lolapalloza en EE.UU., la compañía AOL cortó la señal a raíz de los dichos de un grupo de rock contra el gobierno de Bush. Luego de las disculpas públicas de la compañía, el video sin cortes fue subido por ciudadanos a YouTube ¿Qué opina de este tipo de conductas por parte de los medios de comunicación en su país?

Hay que distinguir cuando la censura viene del gobierno y cuando una compañía decide censurar a priori. Si bien para las audiencias el resultado es el mismo, desde el punto de vista legal hay diferencias. En Estados Unidos las transmisiones deben tener una licencia y en esta administración se han puesto estándares relacionados a la publicación de contenidos que atenten contra lo permitido. Por ejemplo, se da en el caso de la televisión cuando muestran escenas obscenas o relacionadas a la guerra que pueden ser ofensivas para los ciudadanos. En Internet no hay regulación ni licencias. Cuando hablas de la decisión de las compañías, creo que es un mal precedente el invocar razones de gusto o preferencias políticas. La mayoría de los medios estadounidenses valoran su independencia del gobierno.

Un reciente estudio del Pew Institute muestra que en los últimos 20 años los estadounidenses siguen muy de cerca las noticias relacionadas a la guerra y al terrorismo. Por otra parte, afirma que para los ciudadanos no es tan importante el rol fiscalizador de los medios. Siendo ustedes uno de los periódicos más influyentes de EE.UU. ¿cómo monitorean las preferencias de las audiencias a la hora de crear noticias?

Tradicionalmente los diarios, a diferencia de la televisión, no están determinados 100% por el marketing. Creo que nuestro rol como periodistas es decir la verdad respecto a nuestra realidad y no halagar constantemente a nuestra sociedad. No podemos estar determinados por el sentir de la gente, por ejemplo, poniendo sólo noticias buenas o que agraden a los lectores. Obviamente, con Internet la democracia se fomenta. Los lectores comentan nuestras historias, las critican y cuestionan nuestro reporteo. El resultado de esto es que si bien hay más información, no estoy seguro que ella esté orientada por el marketing.

Pero me imagino que ustedes quieren vender más diarios…
Cierto, pero por suerte estamos en una posición donde no sentimos una enorme presión de vender más diarios. Aunque usted no lo crea, hemos reducido nuestra circulación intencionalmente porque nuestros avisadores quieren llegar a un selecto grupo de lectores. Los cambios económicos han afectado la lectoría y el avisaje. Creo que los diarios tienen que vender más siendo responsables con sus públicos. La prensa no puede prostituirse por el público. Tengo la fe de que la gente ve eso, y así esto se convierte en un buen negocio.

Este año el NYT en Internet liberó su contenido reservado a suscriptores, específicamente las columnas de opinión. En un contexto donde la información se entiende como gratuita en Internet ¿qué futuro le ve a la industria, y a la información como producto, especialmente con la explosión de la Web 2.0 y sitios como Facebook o MySpace? ¿Cómo un diario puede ganar dinero?

Si tuviera la respuesta seríamos millonarios. Creo que todavía hay algunas dudas respecto a la efectividad de Internet como medio para obtener ganancias a través de la publicidad. En Internet hay cierta clase de publicidad que funciona brillantemente y otra que no funciona tan bien como en un diario. Un ejemplo de ello es la publicidad política en el sitio web del Times. Los candidatos, al avisar en nuestro diario, le hablan a una audiencia educada y a la que le interesan las noticias. Es inevitable que tengas diarios convertidos más en centros de información que sólo en diarios. Si ves la cobertura del Times de la campaña electoral en Internet, es fabuloso porque tienes acceso a las encuestas, las agendas de los candidatos, sus discursos, etc. y todos opinan respecto a eso. Creo que el secreto está en cómo esa información se organiza, si tienes mucha información la gente se puede enredar o no leerla.
El contenido libre es inevitable. Económicamente es más rentable cobrar por la búsqueda del contenido más que por el contenido en sí. Para el NYT es más rentable que el contenido de sus columnistas y editoriales esté disponible para todos en los buscadores.

¿Y cuál es el rol de los periodistas en este nuevo escenario mediático? ¿Cómo se combina el rol social del periodismo con la lucha por la masividad de las audiencias?

Me parece que las empresas mediáticas tienen que tratar todos los temas y para todos. Internet en parte permite hacer eso. Creo que en ciertas partes los diarios continuarán teniendo una audiencia masiva. Eso se observa cuando, por ejemplo, alguien se pregunta ¿quién ganará la elección presidencial? Ahí los diarios son clave. Por otra parte, hace poco celebramos el día de acción de gracias y CNN reporteó que para saber cómo cocinar el pavo para la cena, la gente tenía que ir al sitio del Times y ver un video donde se enseñaba cómo hacerlo. Internet permite eso y, junto con eso, también podemos poner grandes historias. El secreto es cómo organizas esa información. Cuando ves nuestro sitio web podrás encontrar algún tema de tu interés.
El desafío para las grandes empresas mediáticas es continuar con las historias para audiencias masivas, pero al mismo tiempo prestar atención a aquellas más específicas. Esto, porque creo que el mercado publicitario se está especializando también. En el Times puedes encontrar información para audiencias específicas, pero también información sobre la elección presidencial.

Etiquetas:

miércoles, octubre 24, 2007

Entrevista Jim Roberts, el NYT online


El primer redactor jefe de la página web del New York Times fue Bernard Gwertzman y en 2001 todavía tenía serios problemas para entender lo que estaba sucediendo en la web. El Times insistía en cobrar por algún tipo de información y estaban pasando la barrera de los hipervínculos. Pero ya notaba que los periodistas digitales no eran simples redactores, sino más bien productores. Hoy es Jim Roberts quien está a cargo de una de las páginas más llamativas de los websites de noticias: encabeza la lista de visitas únicas (13 millones al mes), superan los 20 minutos por visitantes y consigue 27 páginas por vista. En la siguiente entrevista, realizada hace unos meses Roberts da señales de los cambios que está haciendo el NYT en la web, mucho más que entregar a sus columnistas gratis a la audiencia.


new.york.jimroberts
Mr. Roberts oversees the news operations of nytimes.com, managing a staff of reporters and editors on the continuous news desk as well as editors and multimedia producers in the Web newsroom. As he sees it, his mission is to bring the immediacy and interactivity of the Web to The New York Times, while spreading The Times's journalistic standards, depth and authority to the Web.

He joined The Times in 1987 as a copy editor and held a variety of editing jobs on the national, sports and metropolitan desks. He served as deputy metropolitan editor for regional news; national political editor, coordinating coverage of the 2000 presidential campaign, the election and the 36-day aftermath; and national editor. In 2006, he became director of continuous news and was later promoted to editor of digital news.

Several other editors have answered questions in this column, including Executive Editor Bill Keller, Obituaries Editor Bill McDonald, Assistant Managing Editor Glenn Kramon, Director of Copy Desks Merrill Perlman, Metropolitan Editor Joe Sexton, Living Editor Trish Hall, Investigations Editor Matthew Purdy and National Editor Suzanne Daley. Their responses and those of other Times editors are on the Talk to the Newsroom page.
These discussions will continue in future weeks with other Times editors.

What Is the Task at Hand?
Q. Forgive me but I have the most unimaginative question for you: Your mission "is to bring the immediacy and interactivity of the Web to The New York Times, while spreading The Times's journalistic standards, depth and authority to the Web." How do you do that? What is the task at hand — at the scale of writing, structuring and anything else. Do you have any papers you have written about your work? Any insights or references would be most appreciated.

A. Actually there's nothing unimaginative about the question. It'll be up to me to make the answer imaginative.

It took me awhile to compose the line you quoted because I wanted to precisely convey the sense of balancing the allure of the new with the responsibilities of the old, without sacrificing either. In other words, we want nytimes.com to be timely, lively and reflective of the excitement and dynamism of the Web, yet we also want our loyal print readers to feel at home when they see what we do online.

Etiquetas:

viernes, abril 27, 2007

Granier y la censura de Chávez


No hay que ser un asociado al GDA para ver con preocupación como el democráticamente elegido presidente de Venezuela usa su fuerza en contra de los medios. Los opositores, por supuesto. Hugo Chávez ha sido muy hábil en debilitar la democracia de ese país a través de la influencia en sectores claves, pero en el caso del Canal 2 la ofensiva gubernamental fue directa. Es interesante, porque se han abierto muchos espacios para la discusión de esta medida, algunos simplemente para denigrar a Marcel Granier, el propietario de la cadena RCTV, dueña de la estación censurada. El texto es un chateo de cibernautas con Granier, que organizó el mundo. Está plagado de faltas de ortografía, pero de también preguntas muy interesantes.


http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2007/04/2457/
1. Hola Marcel, soy Español pero estuve 25 años viviendo en Venezuela y me cuesta entender una venezuela sin el "Canal 2", mi pregunta es ¿Chavez pretende cerrar la cadena y por lo tanto que la misma desaparezca o su intención es "nacionalizarla"; para que la controle el estado aunque manteniedo las siglas y contenidos que la identifican como podria ser el programa de Radio Rochela?. Un saludo y espero que finalmente todo se resuelva favorablemente.

Creo que pretende cerrarla. Muchas gracias por sus recuerdos de RCTV.

2. ¿Si cierra RCTV que haran sus empleados?

Estamos estudiando todas las alternativas, pero es imposible generar ingresos suficientes para mantener los niveles y la calidad de producción actuales.

3. Acabo de regresar de Venezuela, hace unos días, era mi primera visita al país de dónde es originaria mi esposa (de padres emigrantes). Vengo un poco "alucinado" con el bombardeo de propaganda "bolivariana" del resto de cadenas de televisión excepto RCTV. A qué situación cree que llegará el país? Es posible que la gente no se de cuenta de hacia dónde los llevan?. Espero que el próximo 28 de mayo todo siga como hasta ahora "TENEMOS CON QUE".

Espero que la justicia prevalezca y los tribunales nos den la razón. Sin embargo, la vocación totalitaria de Hugo Chávez es inocultable.

4. Hay un rumor que el TSJ va a emitir una decisión donde va a fallar a favor de RCTV y el presidente Chavez dirá que no está de acuerdo pero que el respeta la decisión del TSJ y asi quedar ante los ojos de la Comunidad Internacional como un presidente democrático que respeta la Constitución y que en Venezuela los poderes son independientes. Todo esto es debido a que el Gobierno sabe que la mayoría del pueblo no está de acuerdo con el cierre del canal, que el cierre es ilegal y que el costo político es muy grande. ¿Qué piensa Ud. de esto si fuese cierto?

De acuerdo a todos los sondeos de opinión pública, más del 80% de los venezolanos rechazan el cierre del canal. La hipótesis que usted plantea es posible, ya que en algunos casos el TSJ ha decidido en contra de los intereses del Gobierno. En el caso que nos ocupa, el presidente ha sido muy claro en su condena a cualquier poder público que decida en contra de su voluntad. Sin embargo, creo que la injusticia de la medida y la violación que ella implica al Estado de Derecho harán que la decisión sea favorable a RCTV.

5. ¿Al quitarles la concesion de transmision, no pueden uds. salir al aire via Sateliltal?

Es posible, pero estaríamos sujetos al mismo tipo de arbitrariedad, de manera que no habría ninguna seguridad.

6. ¿Soy venezolano, residente en España desde hace 15 años. Crecí viendo RCTV. Me parece una auténtica verguenza este intento de censura (encubierto bajo la no renovación de licencia según tengo entendido ) Olvidando valoraciones políticas (que las habrá) ¿Cuál diría Ud que es la razón por la que no se le concede la renovacón? es decir, ¿existen razones técnicas, fiscales o legales que motiven este posible cierre?

Las únicas motivaciones que hemos escuchado hasta ahora son de tipo político. Y demuestran el disgusto que el Gobierno siente por toda opinión diferente a la de ellos.

7. Sr Granier, hasta ahora Chávez a demostrado que puede hacer todo lo que dice que hará (caso PDVSA, petroleo para Cuba, dinero para Argentina y Evo, fraude electoral, etc.). Hay algo que le haga pensar que podrá Ud. salvar RCTV de las garras de la revolución?

Sí. El apoyo de más del 80% de la población del país. El rechazo total que existe hacia la medida de cierre.

8. ¿Ha habido algún apoyo efectivo de parte de los poderes españoles? ¿Siente que ese apoyo es sincero? O son enunciados, apenas.

En España he sentido mucho apoyo y un gran rechazo a la medida de cierre de RCTV. La gente y el Gobierno rechazan toda violación a la libertad de expresión, de información y de entretenimiento que se pretende consumar con la medida de cierre.

Etiquetas:

martes, abril 10, 2007

Caparrós y el compromiso


Darfur es hoy lo que Ruanda fue hace más de una década. Las circunstancias históricas y el número de muertos los diferencias, pero la cobertura periodística (para que hablar la conducta de la ONU) los iguala. Darfur está en las profundidades de Sudán y el genocidio del gobierno central sólo se hizo conocido cuando alguna cadenas de TV estadounidense y un par de diarios europeos comenzaron a relatar las matanzas que milicianos pro gubernamentales realizaban impunemente. Pero poco y nada. Hoy la gente muere, como en Ruanda, y los medios no han corregido la desidia de la comunidad internacional. En esta entrevista publicada por la revista Dossier de la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP, Martín Caparrós habla de compromiso y de periodismo. De la ética y la obligación. De dar lo que quiere el público o entregar un testimonio que abra las mentes y los ojos. Dicotomía ingenua y a veces engañosa.


En tus crónicas y libros, has reflejado la condición humana. ¿Cómo ha influido ésta en tu trabajo?
Soy un sorprendido profesional. Tengo un gran entrenamiento en sorprenderme, porque es la herramienta que necesito para encontrar qué contar. Necesito ser capaz de asombrarme de muchas cosas para ver después la forma de narrarlas. Por otro lado, hay amigos que me han dicho que yo era una especie de optimista, que creía que la gente era mucho mejor de lo que es y que había tenido la suerte de no ver demasiado los aspectos más negros de las personas. Supongo que quizás eso sea cierto y por eso me sigo sorprendiendo cuando veo cosas como estas. En el viaje que hice recientemente a Liberia realmente tuve la sensación de no conocer que somos tan mierda. Ahí escuché cómo algunos guerrilleros detuvieron una caravana de refugiados y sortearon la vida del hijo de una mujer embarazada o cómo molieron en un mortero a la abuelita de uno de los pasajeros para después comérsela. En Moldavia, oí la historia de un hombre que le negó a su mujer estar infectado de SIDA hasta que fue demasiado tarde y terminó muriéndose ella también. Y tantas otras cosas. Me sigue sorprendiendo que seamos así. Tal vez soy un idiota del siglo dieciochesco que piensa que tenemos que ser mejores.

Siempre has tenido una visión crítica del poder y la sociedad. Al escribir, ¿eres purista o buscas que esa historia golpee al lector, como te golpeó a ti? Sartre decía, por ejemplo, que un texto debía ser capaz de detener una bomba de napal.
No tengo especial confianza en los efectos en que pueda producir, pero sí muchas veces quiero que eso forme parte del efecto que puedo lograr. Quizás no cambie nada, lo más probable es que no logre cambiar nada. Pero tengo una especie de posición –ni siquiera diría ética si no estética–, pues me parece espantoso desde un punto de vista estético que el mundo sea así. Entonces no puedo no tratar de hacer algo para por lo menos contar cómo es. Si después alguien puede hacer algo con eso, tanto mejor.

¿Te puedes desvincular de lo ético en temas como Liberia o el Sida en Moldavia? ¿Es una crítica tan sólo estética?
Es una sensación estética. Me resulta, como te decía, intolerable que el mundo no pueda ser más armonioso, más justo, más digno. Si quieres llamar a eso ética… llámalo cómo quieras. Yo lo llamo estética.

A simple vista, las audiencias jóvenes son diferentes a las de los ’60. Aparentemente ya no existen búsquedas amplificadas o pasiones extremas. ¿La literatura comprometida ha sufrido con estos cambios?
No lo creo. Hubo unos años, a fines de los ‘80 y principios de los ‘90, en que nació una literatura como reacción frente a los excesos de la supuesta literatura comprometida, que muchas veces era muy idiota. Entonces ciertos escritores decidieron ser lo más liviano que podían. Pero eso ya pasó. Últimamente leo textos en los que no hay nada de esa liviandad, si no una escritura muy fuerte. Lo que ocurre es que no tiene por qué existir siempre una temática sobre problemas sociales. En la última novela de Santiago Roncagliolo –que es un chico muy joven que ganó el premio Alfaguara [por su novela “Abril Rojo]–, él trata de contar ciertos efectos de la época de la guerrilla en el Perú, o sea, eso que sería clásicamente social. Pero en una novela como El Pasado, de Alan Pauls, que tiene el premio Herralde, ocurre todo lo contrario. El compromiso no tiene que ver con abordar o no problemas sociales, si no con tratar entender las emociones: las formas del amor, las formas del odio. El error sería pensar que el compromiso es hablar solamente de la lucha de los pobres por la riqueza. El compromiso es tratar de poner las bolas en cada cosa que uno hace: hacer las cosas como sino pudieras hacer ninguna más, ninguna otra.

¿Crees que las historias que eran interesantes hace años siguen siendo interesantes ahora o ha cambiado el interés de los lectores, especialmente de los jóvenes?
Los casos en los que la condición humana llega a ciertos límites siguen interesando, y la desgracia es que esas historias no son tan escasas como uno cree.

Pero la irracionalidad no es tu único tema.
En el interior hay historias que son interesantes, desde otra mirada. Por ejemplo, el entierro de un viejo campesino en medio de la puna. Entierran a campesinos todos los días, eso no tiene nada de extraordinario. Entonces la cuestión es tratar de ir ahí, de mirarlo, de pensarlo, de escucharlo y contarlo de una manera que lo haga interesante. Esa es un poco la labor del cronista.

Algunos editores, especialmente en Estados Unidos, han plateado con ironía que pronto los temas de más interés serán un gato con tres cabezas, el pasatiempo de una prostituta o la vida íntima de Robbie Williams. Ellos ponen el foco en que, tal vez, nuestra capacidad de impresión va disminuyendo y la fuerza de las historias humanas también.
Sigo creyendo que no hay malas historias, si no malos cronistas o malos periodistas. Por supuesto que una historia buena te ayuda muchísimo. En El Interior, por ejemplo, incluí una crónica sobre una fábrica abandonada. Ahí no hay mayor emoción. Simplemente es la ruina de un frigorífico, es una ruina al lado del río, pero es también un fragmento del libro que a mí me gusta mucho y en la mayoría de las presentaciones que he hecho –varias en la Argentina– termino leyendo esa historia, aunque en el libro hay otros relatos más extremos, supuestamente mucho más impresionantes. Yo prefiero leer esa historia y la gente responde muy bien.

Y, ¿cómo has evolucionado tú? Porque de la anarquía extrema has ido transando –lo que parece lógico- en ciertos momentos de tu vida. Cuando tuviste a tu hijo dijiste: “Bueno, ahora tengo que tener un sueldo fijo”. ¿Sientes que tus temas, en las crónicas y en la literatura, han experimentado el mismo cambio?
No, porque no creo que haya cambiado mucho. Como tú decías, cuando nació mi hijo yo dije: bueno, me tengo que convertir en un hombre de bien para que no joda. Y fui a buscar un trabajo serio y, de todas maneras, de ahí en más nunca duré más de un año en un mismo trabajo. Seguí siendo el mismo chiflado de antes. Si me quieres preguntar sobre ciertos principios que no sé si llamar anarquistas, pero que se relacionan con hacer una crítica de cualquier forma de poder, nunca renegué tampoco. En ese sentido he cambiado poco y no creo que eso haya producido grandes cambios en lo que escribo.

¿Le temes a los actuales cambios culturales? Me refiero no sólo a Internet. Mario Vargas Llosa le escribe columnas a Jack Bauer, protagonista de 24, serie que también te gusta… ¿Te preocupa esta diversificación, especialmente en un momento en que, incluso en Argentina, la gente lee menos libros?
No, no le temo. Es ago que sucede, pero no me parece particularmente mal. Yo no soy un soy un purista del libro. Me parece que el libro, y el que esté escrito, es una de las infinitas formas de contar. Por supuesto, es mi forma de contar y estoy totalmente implicado con ella, pero no quiero que dure para siempre, ni creo que su eventual desaparición sería una catástrofe para la humanidad. Hasta el 1500 ó 1600 no circulaban libros, había muy poquitos libros, los leía muy poca gente y la cultura existía y florecía. Y bueno, durante 400 y 500 años habrá habido libros y entonces, en algún momento, los libros dejarán de existir y empezarán otras formas de relatos que serán tan interesantes como esa. En ese sentido no me preocupa y me parece que esa es la dirección en la que va el libro: hacia un consumo cada vez débil. Pero los libros seguirán ahí hasta que se invente otra cosa.

¿Has hecho un stop en tu vida para preguntarte quién es Martín Caparrós en términos narrativos? ¿Has evolucionado en estos años?
Sí, mucho. No sé si involucioné o evolucioné, pero sin duda he cambiado. Tengo menos urgencia por demostrar cosas cuando escribo. Cuando uno empieza a escribir quiere demostrar lo inteligente que es y la cantidad de cosas que sabe. Por eso yo escribía tantas palabras cuando escribía. Después fui captando todo mejor, me fui tranquilizando y me parece que ahora escribo con más serenidad y con más economía. Así, hace cierto tiempo encontré algo así como un estilo que me parece mío.

Por tu manera de distanciarte de las estructuras de poder, ¿cómo has manejado la relación con las editoriales del control que ejercen sobre las agendas de los escritores?
Yo no trabajo para una editorial; le vendo el resultado de mi trabajo a la editorial que a su vez trata de venderlo. Sé que vivo de esto ahora y lo hago con placer, porque no tengo que hacer cosas que no me interesan para ganarme la vida. Vivo de los libros que escribo en general, pero detestaría creer que escribo pensando en eso. Es cierto, hay muchas maneras más eficientes de ganar dinero que escribir libros. Y por más que a veces me de miedo esa tentación, siempre trato de vigilar mucho no caer en ella, porque sería tonto, no tendría sentido. Nunca escribí un libro porque me pareciera que se pudiera vender. El tema es más bien que hago lo que me da la gana de hacer en el momento.

Etiquetas:

viernes, diciembre 15, 2006

El blog de Arcadi

Arcadi Espada es uno de los intelectuales catalanes más respetados. Más allá de las críticas que recibe por jugar muy cerca de algunas importantes casas editoriales, su blog es uno de los más visitados dentro del mundo cultural y periodístico en España. De hecho, ganó el premio al mejor blog en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca -por lejos el más importante de España- en 2005. Sus tópicos son el periodismo, el trabajo de los medios y el mundo cultural que los circunda. Letras Libres, su versión española, publicó esta entrevista en la cual Espada se hace cargo de sus críticas e intenta explicar la importancia de su blog. http://www.letraslibres.com/index.php?art=9956


Por Ramón González Férriz
Con el aire inequívoco de un moralista francés, dispuesto a pelearse con quien haga falta para demostrar que el mal uso de un adjetivo puede ser consecuencia de un desorden moral, Arcadi Espada ha emprendido la creación de una obra literaria que es, desde su génesis, un experimento. Autor de libros memorables como Contra Cataluña, Raval y Diarios —que le valió el premio Espasa de Ensayo en 2002—, Espada está redactando un nuevo tomo de reflexiones diarísticas en forma de blog: una página Web en la que a diario, "casi siempre antes de las once de la mañana", expone en público su particular lectura de los periódicos del día. Así pues, en www.arcadi.espasa.com ajusticia la retórica de un nuevo alto cargo del Estado, se mofa de los ardides objetivistas del periodismo gráfico y pone a parir los tics narcotizantes de la prosa de los periódicos. Nada que no hubiera hecho hasta ahora, pero con una novedad: lo hace desde Internet, a bocajarro, vetándose la tranquilidad que otorga la corrección, en frío, de unas galeradas. Y todavía más: albergando a través del Nickjournal —una exitosa sección de su página Web en la que los lectores de sus textos pueden opinar sobre lo que ha escrito— la contestación inmediata de una media de 150 comentaristas virtuales que glosan, alaban o deploran lo que a Espada se le ha ocurrido durante el desayuno. El resultado de este experimento será publicado en forma de libro el año que viene.

Escribe usted su blog a partir de las fallas que detecta en la prensa.

Sí. Pero en contra de lo que creen algunos, yo no analizo las erratas que se publican en los periódicos. Mis análisis son de carácter semántico, es decir, moral. Me gusta mucho citar a Valéry y decir que la sintaxis es un valor moral, pero lo cierto es que esta frase tiene una confirmación empírica. Casi siempre las quiebras del sentido, de la sintaxis, dejan entrever una quiebra moral.

Pero eso es tanto como afirmar que, moralmente, los diarios son estupidarios.

Los periódicos son un sumidero de idées reçues. Tienen mucho de conjura de los necios. Sus errores están en muchos casos provocados por la inercia y la necedad. Pero también se producen errores deliberados, de raíz ideológica. Hay quien considera que los periódicos se rigen por las conspiraciones de los malos, por sus cálculos...

En cualquier caso, usted ha decidido reflexionar sobre estos errores escribiendo un libro en público, sin otorgarse la posibilidad de corregir, no ya su propia sintaxis, sino sus juicios morales.

Esto es algo que me preocupa poco. Mi blog es un diario que tiene la rareza de que se hace en público, de tal modo que los lectores pueden ir viendo el work in progress. Cuando publique el libro, que será una antología de lo escrito, voy a acompañarlo de un disquete con la versión diaria, porque me parece que es interesante que los lectores puedan analizar cómo ha ido cambiando mi escritura, cómo se ha ido resituando. Escribir un libro en público tiene muchos problemas, pero el de la rectificación no me preocupa. Sí lo hace otro, por ejemplo: yo creo que la descripción de la intimidad, como decía Josep Pla, es el principal problema literario. Yo nunca me he dedicado a la escritura de la intimidad, porque mis trabajos siempre han versado sobre asuntos públicos. Pero a pesar de ello, en los meses que hace que llevo el blog, no he sabido dar con una voz que fuera más cercana a la intimidad, a la cotidianidad... No lo he conseguido hasta ahora y no sé si lo conseguiré. Lo cierto es que no puedo olvidarme de que mi escritura, en este caso, responde a un proceso determinado: yo escribo un documento Word que de alguna manera pertenece a mi intimidad, pero inmediatamente se cuelga en Internet y se convierte en algo público.

Entonces, la frontera entre lo íntimo y lo público se difumina.

Mis diarios son una reflexión sobre lo público. Pero vuelvo a mi opinión sobre la prensa: así como creo que no se puede escribir periodismo sin reflexionar sobre los mecanismos de producción del mensaje periodístico, me parece que se debe explicar quién es uno a la hora de contar lo público. Creo que el yo, en contra de lo que opina el pensamiento reaccionario, no es una muestra de prepotencia. El yo es una muestra de precariedad. Porque es un yo exhibido y por lo tanto sujeto al comentario, a la vulneración. Ese yo, en una aventura como la de mi blog, es importante, y a mí me gustaría encontrar la manera de que circulara con más naturalidad. Que la gente supiera qué cosas hago, cuál es el rastro de mis opiniones. Entre otras cosas porque creo que Proust estaba equivocado en su polémica con Saint-Beuve. Saint-Beuve ha acabado teniendo razón. Por mucho que Proust dijera que la obra no es hija de un ser social... Eso es pura retórica. El proceso mediante el cual la vida de un escritor, aun para impugnarla, se convierte en materia literaria, es uno de los procesos más fascinantes de la literatura, quizá el que más.

Eso recuerda las reflexiones de Pla sobre el periodismo y la autobiografía.

Yo tengo dos cosas muy claras con respecto a mi poética. Una es la absoluta convicción de que cualquier relato periodístico ha de interrogarse sobre los mecanismos que lo producen en el mismo relato. La segunda es que esta deconstrucción debe utilizarse también con respecto al yo.

¿Pero eso no convertiría toda noticia o apunte autobiográfico, por breve que fuera, en una larguísima crónica?

¿Y qué? Uno de los problemas del lenguaje periodístico es su carácter narcotizador. Aunque yo estoy en contra de los injertos entre novela y periodismo, el new journalism surgió en respuesta a este hecho. Y es que cuando escribes "Cuatro magrebíes mueren al volcar la patera..." lo más probable es que el lector se acabe perdiendo en la hipnosis de la frase y olvidándose de los magrebíes. Y la obligación de todo periodista es rescatar el mensaje de la hipnosis.

Volvamos al blog. Una de las cosas que más sorprenden de él es la cantidad de comentarios que suscita entre los lectores. Tiene asiduos que le responden y comentan sus opiniones con una inmensa seriedad.

Sí, muy en serio. Una de las grandes novedades del libro que publicaré el año que viene es que va a incluir muchos fragmentos de los comentarios. En el blog se han producido dos cosas que me parecen muy importantes. En primer lugar, su recepción genérica, que ha superado todas las expectativas. En estos momentos, la Web recibe cada día casi dos mil visitas, aunque el número real tal vez sea superior porque éste es el número de ip que se conectan. Y después la creación de una comunidad virtual de valor extraordinario. Al principio la sección se llamaba Comentarios, pero me he visto obligado a cambiarle el nombre, por coherencia, y ahora se llama Nickjournal, porque se ha convertido en un periódico diario de gente que escribe bajo un nick.

Veo, pues, que le ha cogido gusto a escribir en Internet.

Por supuesto. Cuando tengo uno de mis delirios mañaneros, después de leer los periódicos y ponerme como loco, puedo ir a Internet y colocar, detrás de una palabra, fotos, fragmentos de radio, enlaces. Eso, para un escritor de diarios, es maravilloso Estoy fascinado con las posibilidades que tiene con la escritura. Y luego está la relación con el lector.

Que a mí me parece semejante a la que Montaigne proponía en sus ensayos.

Claro. Montaigne escribe su obra porque se le muere La Boétie, el amigo con el que conversaba. Y a mí me parece que Internet no es más que una gran conversación, la recuperación de la conversación como instrumento de conocimiento. Y tiene la virtud de que todo descubrimiento que se haga en ella está sometido al empirismo inmediato. Además está lo del nick: es cierto que ensalza la libertad de calumnia, pero acaba con un vicio muy pernicioso de la cultura, que es el argumento de autoridad. Internet es lo más importante que le ha sucedido a mi vida intelectual en los últimos años. -

Etiquetas:

lunes, noviembre 06, 2006

Jon Lee y el Periodismo en estado de guerra


Esta es una entrevista a Jon Lee Anderson, redactor del New Yorker y que fue publicada por la revista Dossier,que edita la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP. Anderson es uno de los grandes periodistas estadounidense. Siempre dispuesto a no negociar una envidiable independencia, trabajó para The Nation, New York Times, Harper´s y The Guardian. Sus perfiles -especialmente los relacionados con los más crueles tiranos- son parte sustancial del periodismo hoy. De hecho, el mito es que su perfil de Pinochet -publicado en el New Yorker- alertó a Baltazar Garzón sobre la presencia del dictador en Londres. Jon Lee además, debe ser uno de los periodistas que más sabe de Oriente Medio. Su último libro, La Caída de Bagdad, recibió elogios por su contenido y estilo narrativo. Pero más allá de su historia, es interesante conocer cómo ve la profesión uno de los grandes profesionales estadounidenses.

¿Dónde están tus instintos hoy? Dices que quieres volver a África, hacer algo en América Latina, pero es difícil. Estados Unidos está en guerra e Irak se ha convertido en tu centro de operaciones.
Hay que entender que el periodismo es la forma que yo utilizo para comunicarme con el mundo. Soy una persona interesada en lo que pasa alrededor mío; siempre he tenido el afán de entender el mundo y lo hago a través de mi profesión. El periodismo me da la posibilidad de indagar problemas, de entender cosas que me afectan e interesan. No creo saberlo todo, de hecho desconfío de ese tipo de periodista, pero sí busco una manera de incidir en la opinión pública. Estados Unidos es el país más influyente en el mundo y genera la mayor cantidad de noticias. Entonces, mi responsabilidad como periodista es investigar en lo que esté implicado mi país. Incluso siento que a veces mi rol es mediar, ya que no sólo soy norteamericano, sino ciudadano del mundo. He vivido en 14 ó 15 países durante toda mi vida. Entiendo a mi país como estadounidense, pero también como si fuera de Chile o de Inglaterra. Mi mayor preocupación como persona o como periodista es definir racionalmente la coyuntura en la que estamos, porque a diario tendemos a alejarnos hacia un mundo incierto, sólo de percepciones. Tenemos un mundo en colisión: decirlo y enseñarlo es también nuestra función. Así siento mi trabajo, en especial en estos momentos.

¿A qué te refieres con ser un mediador?
Hay personas que creen saber mucho y hablan de otra gente sobre la base de falsas teorías de conspiración o simplemente porque están adscritos a una fe. La situación es peor aún si sumamos a las tecnologías, que tienen el terrible potencial de hacer pensar a la gente que sabe cosas sobre otros, sin que realmente tenga conocimiento de los hechos o los fundamentos de esos hechos. Ese es uno de los grandes problemas que veo en este mundo virtual, lo que obligan a tomar el rol de mediador. Mi periodismo no se basa en creencias, sino en lo empírico, en lo experimentado. En lo que veo y muestro. Y me siento mediador, porque intento trasladar e interpretar esa realidad al mundo, más allá, para que otros lo comprendan. Por ejemplo, trato de hacer entender a un norteamericano que alguien en Irak es bastante parecido a él. Con diferencias culturales, por supuesto. Pero muy parecido.

¿Cómo se hace para que esta mediación no se transforme en manipulación? En especial cuando ves que el mediador está rodeado de un proceso muy fuerte de manejo de información.
Es una preocupación, sin duda. Estoy más conciente de la palabra mediación después del 11/9, cuando Irak y Afganistán entraron en la agenda mundial. Después del ataque a Estados Unidos apareció un grupo de gente con ideas muy fijas de lo que significa ser norteamericano o ser occidental, y es muy difícil hacerlos cambiar de opinión. A eso iba con el mundo que cree tener conocimientos amplios y no son más que teorías de conspiración y juicios culturales y religiosos. En mi país tenemos muchos políticos que inciden de forma violenta y determinante en muchas otras culturas, y para lograrlo predican un integrismo propio, lo que implica un retorno a la Edad Media. Ante esa situación, creo que es un deber social de nosotros los periodistas abrir en otras personas y en ese sentido me siento un “mediador”. Escribo para el New Yorker, un medio norteamericano que se dirige a una elite, pero que también tiene relevancia en otras clases sociales y en otros países, donde lo siguen y respetan. Estoy conciente que lo que escribo puede tener repercusiones y eso conlleva a una responsabilidad mayor. Sin duda que cualquiera de nosotros puede ser manipulado y es uno de los peores riesgos que tenemos hoy en día. Y quizás, como nunca antes.

¿Por qué?
A veces los intereses del gobierno reflejan los intereses estrechos de un grupo de poder, o de un magnate de un país que a su vez es dueño de un medio. Los periodistas son, al fin, empleados y, por ende, sujetos a esos intereses. Gracias a los nuevos instrumentos tecnológicos, ha aumentado la posibilidad de que los medios se transformen en armas de doble filo. Hace 50 años atrás, los periodistas hablaban de la guerra desde la óptica exclusiva de los ejércitos de sus países. Ahora no. En las últimas décadas, desde Vietnam, se ha abierto el campo de acción de los periodistas en las guerras. El público espera mas amplitud de cobertura, no siempre desde una óptica patriótica; quieren conocer la verdad de lo que ocurre. Esto representa una amenaza real para los bandos en conflicto, que antes solían controlar la información a través de periodistas leales. Ahora son muchos que te dicen “estás con nosotros o no estás”. Han aumentado los secuestros, los asesinatos y la agresión a los periodistas en todo el mundo. Las presiones vienen desde los protagonistas de los hechos. Por eso la importancia de no dejarse tentar por la manipulación y darle un objetivo mayor a lo que uno hace como profesional. Por otro lado, los periodistas siempre corremos el riesgo de ser manipulados por el editor, el dueño del medio o los protagonistas de la noticia. Hay veces que uno sabe que debe que reportear y de que forma, ya que se puede ofender a tal y cual, y uno pierde el trabajo. Esa es una experiencia para muchos periodistas en el mundo donde la prensa no es verdaderamente independiente. Es algo que ha existido y existirá siempre. Más aún cuando hay conflicto. Por lo mismo, la necesidad de tener valor ético es más relevante hoy que nunca.

Otra forma de manipular es acotando los temas. Decir que Darfur en Africa es un hecho sin relevancia, a pesar del genocidio de 50 mil personas. Lo mismo ocurrió en el caso de Ruanda y Bosnia. La forma que tienen los dueños de “mediar” en la información es diciendo, por ejemplo, Latinoamérica no tiene ninguna importancia en la agenda mundial. Esto finalmente puede desanimar a muchos periodistas. Incluso a ti, que te interesas por esta parte del planeta.
Cuántas veces he escuchado a los dueños de los medios decir que a nadie le interesa Latinoamérica. Y he visto a mucho periodistas frustrarse y sentirse abandonados. Pero ese no es el tema. También estos periodistas tienen una opción si lo creen verdaderamente importante. Pueden abandonar estos medios, independizarse y escribir sus propios libros o revistas, o participar de un grupo activista de derechos humanos. Hay muchas alternativas para los periodistas agobiados, aunque siempre sea más difícil. Los recursos económicos son parte de esas barreras. Algunos tienen 35 años, tienen hijos y se acomodan a una vida sin problemas. Otros se frustran. De joven yo escribía para Time desde El Salvador. Si bien la revista me apreciaba como periodista, no le gustaba lo que yo estaba enviando desde ese país porque, según su editor, era muy cruento. Debido a la tendencia política del director de ese momento, muchos de mis artículos nunca salieron a la luz, porque lo que yo reporteaba ni ayudaba a su causa preferida. Entonces, mi recurso fue contar a otros colegas, algunas de las cosas que descubría. También hice algunos trabajos free lance. En otros casos dejé “chorrear” información a organizaciones de derechos humanos o en algunos casos yo tenia información que implicaba la diferencia entre la vida y muerte de algunas personas, y no podía sentirme ser humano si simplemente la guardaba y me quedaba callado. Así, a pesar de lo sofocado que me sentía, pude mantener la integridad ética y moral.

Se suele criticar mucho a la prensa estadounidense. Quizás porque representa un referente histórico de la independencia editorial y hoy se le ve jugando un rol más tibio, en especial frente al gobierno de George W. Bush. Muchas publicaciones de importantes universidades de ese país afirman que la luna de miel de la prensa con la actual administración, después del 11/9, fue muy larga y que en estos años la prensa se dejó manipular por el gobierno republicano.

Es cierto lo que dices en torno a las percepciones críticas, y me preocupa tremendamente. Encuentro tanta similitud en las opiniones de gente tan distante como puede ser un ciudadano en Venezuela, otro en Irak o uno en Francia. Tanta gente que cree lo mismo: que los judíos fueron los que bombardearon las Torres Gemelas. O inclusive que fue una conspiración de Bush, porque así podía invadir Irak sin problemas. Parece descabellado, pero lo que ocurre con las teorías de conspiración es que siempre tienen un grado de similitud. Hay un germen de verdad y sobre la base de eso se construye toda una creencia, todo un folklore que se extiende y se extiende desenfrenadamente. Así como estas teorías de conspiración son bastantes difundidas en el mundo —porque la gente no quiere tener dudas y prefiere el blanco o el negro, antes que los grises, que es verdaderamente el lugar para encontrar la verdad—, prefieren escuchar o leer que hubo una entrega total de la prensa estadounidense a la administración Bush. Pero la verdad es lo contrario: la gente conoce muchos hechos muy indignos para la administración Bush, gracias a la mismísima prensa norteamericana. ¿Cómo saben de Guantánamo? ¿Fue un periodista paquistaní quién lo contó? No, fue gracias a la prensa norteamericana. ¿Quién reveló Abu Grahib? ¿Fue acaso la prensa europea, de Arabia Saudita o de Turquía? No, fue un periodista del New Yorker. ¿Cómo sabemos de los líos dentro de la administración Bush o del Pentágono? Definitivamente no por los profesionales de Rusia ni de China. La noticia del muy sonado masacre de civiles en Haditha, Irak, cometido por unos marines norteamericanos que se revelo hace poco, es otro caso. No fue un notición de la prensa chilena ni egipcia, sino la norteamericana, y es más, de la muy ‘mainstream’ revista Time. Todo eso que se sabe o se dice saber sobre Estado Unidos es gracias a los medios de mi país. La prensa estadounidense puede tener errores. Pero si se ha formado la impresión de una prensa norteamericana endeble o tibia, como has dicho, es debido a la libertad de prensa de mi país. Porque lavamos la ropa sucia en público, a diferencia de muchos otros lugares. Por eso todos tienen fijación sobre esa prensa. Esa es la diferencia central entre una nación con libertad de expresión y los que no la tienen de verdad. Después del 11/9 hubo casos de cercanía con la administración Bush por parte de periodistas e inclusive algunos medios fueron obsecuentes. Pero nuestro sistema está hecho para autocorregirse constantemente. Y así fue.

¿No tuviste problemas en el New Yorker por tus notas?
No. Dos semanas antes de la invasión de Irak yo publiqué una crónica en el New Yorker poniendo las voces y los testimonios de iraquíes que afirmaban que si bien Saddam no era un santo de su devoción, tampoco estaban de acuerdo con la invasión que se aproximaba. Y hablé acerca de las dificultades que tuvo la invasión de Gran Bretaña en Irak hace ochenta años. Un poco como advertencia e intentando explicar que Estados Unidos no estaban considerando las consecuencias.

El director de New Yorker, David Remnick, se declaró públicamente a favor de la guerra en un artículo de opinión firmado. Aunque la filosofía de la revista no cambió, hizo que sectores progresistas de Estados Unidos llegaran a denunciar que la revista se había vendido a la Casa Blanca. ¿Cómo viviste ese momento?

El tiene la libertad de escribir lo que piensa en la editorial. Como el New Yorker tiene una diversidad de opiniones, David estaba en su derecho de dar la suya. Pero eso no quiere decir que era la opinión de todo el equipo editorial de la revista. De hecho no lo fue. Y sí hubo discusiones dentro del equipo, por supuesto. Si bien David Remnick tuvo esa opinión, aunque yo no la compartiera, al menos tuvo el profesionalismo de no involucrar el trabajo de la revista. O de que yo reporteara lo que él quisiera desde Irak. Lo que hizo fue una especie de reseña de un libro que se llamaba “The Theatening Storm” que convenció a mucha gente —por la forma en que estaba escrito— de que había una amenaza real en Irak y que era necesario invadir. Kenneth Pollock, el autor, desde hace un año ha pedido disculpas públicas por el texto y el efecto que tuvo.

¿Cómo te explicas que a pesar de que como negocio las revistas estén pasando por un duro momentos, el New Yorker tenga un nivel de fidelidad del 85% entre sus suscriptores, más de un millón de lectores y que en los últimos años incluso muestre utilidades?
No hay otra experiencia similar como esta revista. Es genial en el sentido de que hay algo ahí para todos. Siempre se publica un tema muy ecléctico y otro de mayor interés masivo. Por ejemplo, en el último número hay un artículo acerca de la Corte Suprema, otro sobre un licor prohibido, otro sobre las políticas de Bush en contra de los científicos. Hay críticas de teatro, cine, de todo. Además, ha logrado mantener una mística gracias a David Remnick, que le ha dado contemporaneidad, sin perder las líneas de fondo, lo que significa que debe estar bien escrita.

¿Te imaginas trabajando en otra revista?

Con dificultad.

En general siempre muestras dos facetas. Tanto en tus clases como en tus textos podemos apreciar al periodista y al escritor. A Kapuscinski se le critica que se sale del periodismo para hacer más literatura o que agranda fenómenos para acercarse a un estilo más literario. ¿Cómo manejas que el Jon Lee escritor no se coma al Jon Lee periodista?
Mi oficio es ser periodista, pero mi ojo es de escritor. No creo que uno sea mejor que el otro. Incluso a veces me aflijo, porque no me son naturales algunas cosas que le resultan naturales a un periodista. Si estoy en un juicio, por ejemplo, a veces estoy más maravillado con el tipo de madera que cubre el tribunal, que con lo que dice el abogado. El periodista está pendiente de anotar todo lo que ahí se dice. Yo a veces me siento bastante cojo al momento de reportear un escenario que para un periodista de una agencia de noticias sería algo muy sencillo. A mi me cuesta. Siempre estoy un poquito más en el aire, buscando algo que me haga sentido, que me dé contexto. El escribir una crónica bajo premura o presión no me da tiempo para digerir esa parte subconsciente que uno descubre al investigar, esa parte creativa. En ese sentido, me siento un pintor.

Al escribir, ¿te planteas la misma disyuntiva?
Siempre me siento un poquito frustrado al escribir. Puedo ver una crónica mía de 10 mil palabras y lo que yo recuerdo es sólo una línea o una frase del texto, de la cual me enorgullezco mucho, porque sé que esa frase me salió del alma. Generalmente es una descripción o algo que viene de la intuición, no de mis notas. Si soy un buen o mal escritor no lo sé, pero si hago un esfuerzo para ser un buen periodista. Si estoy escribiendo periodismo hay una línea muy clara entre lo que es imaginación y lo que puedo constatar. No escribo sobre cosas que no me constan. El mundo es tan fantástico tal cual, que no creo que haya que inventar nada. Por eso me asombro de los periodistas que son descubiertos por falsificar o tratar de mezclar episodios de la vida real con su imaginación. Como lo que pasó con Jason Blair en el New York Times. Después de que son descubiertos, estos tipos siempre terminan como novelistas de cine o guionistas... o las dos cosas. Algo parecido a ese problemas de los transexuales. Nacieron mujeres y después quieren ser hombres. Yo no creo que tenga ese problema…

En el artículo sobre el huracán Katrina lograste transmitir el entorno, la descripción de escena, tal como lo haces en tus libros.
Todo depende de cómo lo vives. Con lo que absorbí durante los tres o cuatro días que recorrí las destruidas y anegadas calles de Nueva Orleáns, no podía ponerme a hablar de política. No tenía potestad ni experiencia par acercarme a un escenario sobre las causas administrativas del desastre. Eso es más bien para los diarios. Yo tenía que ir y tratar de experimentar y hacer que la gente experimentara conmigo lo que estaba ocurriendo ahí. Y todo mi entorno era muy dramático. Lo sentía en todo mi ser. Si eso logró plasmarse en la nota es porque lo sentí. No me sentía frío ni neutral. Así es como reacciono en las guerras también. Si me preguntan cuál es la mejor arma de un periodista, es la humanidad: realmente sentir lo que otros sienten.

¿Cómo ves tú el futuro del periodismo? Existe una generalizada opinión de que la tecnología va a dominarlo todo. Las universidades están discutiendo que los jóvenes no leen diarios y las acciones de los periódicos más importantes se van a pique en Wall Street. Jean Francois Fogel, director del lemonde.fr cree que las audiencias van a controlar los contenidos en tiempo real.¿Cómo ves estos cambio?
Sin duda la audiencia es muy importante. Mi amigo Jean Francois lo cree así. Pero si seguimos su lógica y la de las audiencias, todavía tendríamos ajusticiamientos públicos en Inglaterra, pues todo el mundo iba. Era a gusto de muchos una tremenda fiesta, pero a través del tiempo la sociedad se civilizó en algo. Si vas a Texas y le preguntas a los granjeros qué harían con los mexicanos que cruzan la frontera, probablemente respondan que sería bueno ahogarlos a todos en el río Grande. Por las audiencias masivas tenemos hoy día Gran Hermano y todos esos morbosos shows de realidad que apelan a los bajos instintos de los ahorcamientos en público. Es un argumento un poco extremo, diría Jean Francois. Pero si nos apegamos al gusto de las grandes masas consumidores y lo convertimos en canon, perdemos algo intrínsico de nuestra cultura, creo yo.
Yo utilizo el internet también, pero la lectura profunda la hago sobre papel. No me imagino leer un libro en un e-book o e-paper. En fin, lo que es cierto o apropiado para algunos, para otros no lo es. Para algunos el periodismo, tal como lo conocemos, está en jaque por el auge de Internet y sus genialidades, que nos permiten adquirir información de una forma mucho más instantánea que la tradicional. Estamos en el momento que eso implica un reto para los medios tradicionales y muchos están viendo cómo hacen para incidir en las nuevas tecnologías. Yo no puedo pronosticar qué va a pasar de aquí a 50 años. Quizás no tendremos diarios en papel. De todas maneras, si igual es un diario, qué importa si es papel o no. ¿Cuál es el asunto? Pero no creo que el papel deje de existir. Ni que yo como periodista voy a tener que regir lo que yo hago debido al estado de opinión impuesto por unos blogeros. No olvida que a veces lo que se abandona por la fiebre de lo moderno vuelve luego a aparecer, si es útil y valioso, o al gusto de la gente. Hay ejemplos: A la gente le gusta escuchar música en toca disco: desaparecieron del mercado por 10 años, pero reaparecieron porque a la gente les gusta, aunque haya CDs. Los discos de vinilo están para quedarse aunque sean para una minoría. En Inglaterra los diarios se van achicando hasta ser pequeñitos. No está mal. Y si logran ser rentables unos pocos diarios chiquitos y además tener Internet, está bien.

¿Qué importancia le das a la enseñanza del periodismo? ¿Es una vocación? ¿Es una manera de transmitir este espíritu humanista que dices debe tener el periodismo?
Son ambas cosas. No tenía ninguna expectativa antes de comenzar a hacer clases, pero resultó que me sentí bastante bien. Lo gocé mucho. Por una parte me gustó estar en compañía de colegas, de jóvenes, me gustó que otros pensaran que yo tenía algo que compartir. También disfruté la posibilidad de salir de mi mismo por un tiempo. Siento que soy alguien que sigue explorando, que tiene mucho mundo todavía que descubrir. Además, como los alumnos me hacen preguntan, me obligan a pensar en lo que hago. Pienso que hay bastante talento entre los jóvenes y si hay errores que yo puedo compartir ayudo a que otros no los cometan. Uno no puede estar siempre solo en el mundo.

Etiquetas:

lunes, octubre 16, 2006

Saieh en The Clinic


Los empresarios entran al negocio de los medios por poder. Lo pueden justificar de muchas maneras, pero al final ese es el objetivo último. Sin embargo,esta entrevista realizada por Pablo Vergara -profesor de Periodismo de la UDP- a Alvaro Saieh, propietario de Copesa, es mucho más que el resumen oral de un accionista mayoritario. Saieh -y Cristián Bofill, director de La Tercera-generaron el mayor cambio de la prensa chilena en los últimos 30 años, introdujeron el concepto de competencia y comenzaron a darle un cariz más serio al periodismo nacional. Sobre sus palabras se podrá evaluar el futuro de La Tercera.

Por Pablo Vergara

¿Qué mundo representa El Mercurio?

Esa pregunta hay que hacérsela a El Mercurio.

¿Y qué mundo representa La Tercera?

Nos hemos propuesto tratar de dar la visión más amplia y ser el lugar de encuentro de todos los temas. Incluso creo que en eso hemos influenciado al resto de los diarios. Intentamos tratar todos los temas. Creemos que ante cada cosa hay, por lo menos, dos posiciones. Plantearemos la nuestra de manera respetuosa en el editorial, pero no haremos campaña a través de las crónicas. En cada tema polémico intentamos poner artículos con puntos de vista opuestos, que incluso pueden diferir con la posición del diario.

Con la píldora del día después se notaron diferencias con El Mercurio, que se atrincheró...

Esa es tu opinión, pero no eres el primero que me la dice… En ese caso, nos remitimos a establecer y entregar todos los puntos de vista. Como es nuestra línea editorial. También me lo han comentado en otros casos, por ejemplo, el de la última campaña electoral, donde hubo dos encuestas: una que decía que Michelle Bachelet ganaba por tres puntos, casi en el margen de error, casi empate; y otra, la nuestra, que decía que ganaba por siete puntos. Nosotros en ningún caso nos vamos a atrincherar en nada.

¿Lo llaman mucho por lo que se publica en La Tercera?

Al principio, sí. Y mi respuesta siempre era "cómo no, voy a hacer que el director lo llame". Al segundo llamado, lo mismo. Y después de eso no había tercer llamado. Ese es nuestro sistema. Porque o confías en tus periodistas y directores o mejor los cambias. Además, nosotros no competimos con el director. No estamos en las páginas del diario, no recibimos embajadores, no aparecemos. El diario no es para uso personal. No hay nadie que no tenga una persona con quien esté molesto, y nosotros no somos la excepción. ¿cierto? Bueno, pero nunca, y subrayo nunca, hemos usado el diario para atacarlos o para vetarlos de aparecer en sus páginas. Nuestro director es independiente y tiene que ser así.

¿Cómo va la pelea con El Mercurio? ¿Qué espacios cree que le ha ganado?

La situación de El Mercurio era anómala, porque era el único diario relevante en opinión del país. Y el que piense que va a estar en esa posición siempre está equivocado. Lo que ha pasado es que se está normalizando el mercado. Las cosas han cambiado. El Mercurio ahora llama a La Tercera por su nombre, antes hablaba de "un matutino". Y ahora tiene una propaganda que dice "DOS NO ES GANAR, SIETE ES GANAR". Bueno, está reconociendo que el fin de semana estamos básicamente empatados tanto en circulación promedio como en el número de suscriptores, algo impensado hace un par de años. Bien, nos damos por satisfechos porque hemos estado apuntando al fin de semana. Porque ahí está el 70% de la publicidad.

¿Quiere que La Tercera se transforme en una institución como El Mercurio?

No queremos ser El Mercurio. Queremos ser La Tercera. Un medio se debe a la sociedad, y debe ser un reflejo de ella, y no transformarse en sí mismo en una institución, que incluso pueda entrar en contradicción con ella.

¿Qué diferencia va a haber en el suplemento de Cultura frente a El Mercurio?

Nuestro enfoque es decir las cosas en forma profunda pero que las entienda todo el mundo. Queremos toda la cultura, no solo la de elite. No creemos eso de que los especialistas hablan con los especialistas. En todo. Con todas las artes. Por eso se llama Cultura y no un segmento de.

¿Cómo es su relación con Agustín Edwards?

Tenemos buena relación.

Es inevitable ver las diferencias de los conductores. Uno que se formó solo y el otro que es el sexto de una dinastía.

Me hubiera gustado que me hubieran dado el diario hecho, y lo mismo con un montón de empresas. Pero mi papá fue muy buena persona, y mi mamá lo es; me dieron lo mejor que pudieron, sobre todo valores y mucho cariño. En todo caso, no me preocupa, nos ha ido muy bien, a base de esfuerzo. Y los resultados están a la vista: ya pasamos las 100 mil suscripciones, hemos crecido más de 20% anual la publicidad en los últimos tres años, el diario ha cambiado su estructura de lectores y su influencia, entre otras cosas. En el resto de las empresas no periodísticas, que también partimos de muy atrás, también nos ha ido muy bien. La creación de valor de este grupo es sorprendente.


Luis Riveros, el ex rector de la Universidad de Chile, dijo una vez que usted era hijo de la clase media. ¿Dónde nació?


Mi papá es chileno. Por una crisis económica que se produjo después del terremoto de Chillán, él se fue a Colombia, se casó y yo nací allá. Mi familia partió de abajo, así que hemos conocido distintos períodos, algunos de apreturas, otros mejores. De niño me acuerdo de apreturas cuando mi papá se enfermó. Somos gente que ha construido lo que tiene, por lo tanto, la educación era mínima. Yo fui el primero de mi familia que terminó el colegio y el primero que terminó la universidad y, por supuesto el primero que fue a estudiar a una universidad extranjera. Hemos vivido de todo y convivido con todos. Y eso marca como uno ve a los demás. Después, cuando volvimos a Chile, vivíamos en Talca, en la Seis Oriente con la Una y Media Norte. Una casa más o menos antigua. Éramos cuatro hermanos, yo soy el tercero. Allí estudié y después en la Universidad de Chile, de Santiago.

¿Se acuerda de su primer sueldo?

Fue en la oficina de planificación de la Universidad de Chile. En plata de hoy debe haber sido unos cuatrocientos mil pesos. Y fue una gran experiencia. Rolando Sánchez, el jefe, me dio la oportunidad de trabajar ahí, y al poco tiempo llegué a ser muy cercano a él, y aunque era el último de la oficina me tenía mucha confianza y me daba trabajos muy importantes. Con él comencé y lo pasé muy bien. Trabajando lo paso muy bien.

¿Cómo construyó su imperio?

¿Imperio? ¡Ja!... Me parece una exageración hablar de imperio. Me metí en el mundo de los negocios, y todo se fue dando naturalmente. Una cosa, luego otra. Esto no fue pensado. Yo estaba muy interesado en la cosa académica. De hecho, renuncié a la Universidad de Chile para ir a enseñar a una universidad de Estados Unidos porque allá se puede hacer academia el cien por ciento. Acá uno hace una especie de academia y consultoría permanentemente. Pero la vida me cambió los planes. Fue un vuelco en 180 grados.

¿Qué pasó?

El Banco de Santiago tenía otro banco, el Banco Osorno, y lo quería vender. Abrió un largo proceso de licitación pública, y un grupo de empresarios, encabezados por Carlos Abumohor, me contrató para estudiarlo. Les recomendé que se lo compraran, y entonces me dijeron que les gustaría que lo manejara, y que también comprara el 10%. Me ofrecieron un sueldo y una participación sobre las utilidades, de manera que si mis proyecciones eran correctas, la inversión la podía pagar fácilmente. El Banco Santiago financiaba la mitad. Al final, lo licitamos por US$10 millones. Como el segundo postulante ofreció US$4, todo el mundo se rió de nosotros. Incluso apareció en El Mercurio, en esa típica cosa chilena discriminadora, una caricatura de don Carlos Abumohor vestido de árabe y el otro postulante vestido de huaso; don Carlos con una bolsa gigantesca de dinero y el otro con una chiquitita. Todo el mundo decía que nosotros estábamos locos, que habíamos pagado carísimo.

Se burlaron.

Sí, se burlaron.

¿Por el monto o por el origen?

A lo mejor por las dos cosas. Encuentro que es feo cuando destacan burlescamente el origen de las personas. Acá en Chile son realmente burdos en eso.

¿Cómo lo financió al final?

El Banco de Santiago dio la mitad, puse todos mis ahorros y me endeudé hasta con mi mamá para conseguir la plata que faltaba. Y lo fui pagando con mi sueldo y mis participaciones, que eran bastante buenas. Las cosas anduvieron mucho mejor que lo que yo proyecté. Tanto, que pagué rápidamente las deudas del 10% que tenía, e incluso después empecé a comprar más. Así partí.

¿Cuánto le costó incorporarse al mundo empresarial?

Al principio fue difícil porque todos los que entramos no pertenecíamos al 'establishment': éramos empresarios pequeños o bastante desconocidos; con la excepción de los Abumohor, que no eran tan pequeños ni tan grandes. En el mercado había una cierta duda de si íbamos a tener éxito. Y se nos manifestó de distintas formas: estaban los que pensaban que nos íbamos a llevar el banco para la casa, y/o los que creían que no íbamos a tener la capacidad para conducirlo. De todo. Y no es que lo supongamos. Fueron bastante explícitos. Te podría dar nombres. Lo más duro es cuando te encontrabas con esas personas y te tenías que quedar callado. Pero en la vida uno tiene que acostumbrarse a esto y asumirlo. No fuimos ni los primeros ni seremos los últimos. Siempre es difícil partir. Sin embargo en esta entrevista, por primera vez, quiero desahogarme.


¿Siente que había una cuota de racismo?


Claramente. No tengo ninguna duda de eso. En Chile, incluso hoy, se discrimina por religión, raza, color, y origen social. Es uno de los factores más atrasados de nuestra sociedad. En nuestras empresas, el mayor orgullo que tengo es que no discriminamos en ningún sentido a nadie.

¿Qué fue lo peor que le hicieron?

Básicamente, la desconfianza en mí y en nuestros socios, lo que limitaba nuestras posibilidades de hacer negocios, pues el negocio bancario es confianza. Por el contrario, los inversionistas y bancos extranjeros nos apoyaron con todo. Y fueron nuestros mejores aliados. Nos fue muy, muy bien, porque si trabajas duro y eres consistente y honrado, te va bien. No me quejo. Cada uno tiene que asumir lo que es. No oculto lo que soy ni de dónde vengo.

¿Y ha perdido negocios por eso?

Bueno, algunos negocios no te llegan porque no perteneces a un determinado círculo. ¿Pero te cuento algo? Hay algunos que te llegan justamente por eso. Por ejemplo, mucha gente se siente cómoda con nosotros. Entonces pierdes algunos, ganas otros. Somos meritócratas y nos gusta. Sólo miramos los méritos de la persona. Si el tipo es bueno, lo promovemos. Trabajamos con gente de distintos estratos; gente de distintas religiones; distintas razas, y países distintos. Tenemos una tremenda mezcla acá. Y eso nos da la pluralidad en la mirada. Hoy tenemos políticas especiales para minusválidos, buscándoles trabajos adecuados. Y es una política institucional, porque es un tema que nos toca muy profundamente a nivel personal, pero, por lo que sea, la tenemos.

¿Por qué se lo asocia a usted con los grupos económicos formados en dictadura?

Mira, creo que es lo típico: buscar un ángulo para darle a alguien. En mi caso, porque tengo medios. Nosotros, durante el gobierno militar no compramos ninguna empresa estatal. Lo único que compramos fue un banco a -otro banco- en licitación pública. Todas las verdaderas ganancias de capital las hemos tenido en los gobiernos de la Concertación. Y a mucha honra y sin pedirle favores a nadie porque yo, que manejo el grupo, no soy de la Concertación. ¿Por qué hablan de grupo económico formado en la dictadura? No sé. En esa época no éramos grupo económico, ni de cerca. Teníamos un banco, por decir lo menos, chiquitito. Insignificante. Y transformamos ese banco en uno tremendo, trabajando duro. En los '90, compramos la AFP Provida; más tarde la compañía de seguros Compensa y luego el Banco de Concepción, que hoy es CorpBanca. Con la Concertación renegociamos la deuda subordinada. O sea, nuestra gran expansión ha sido en gobiernos de la Concertación. Lo que no es raro, porque la gran expansión del país ha sido en estos gobiernos. Pero una nota curiosa: quienes hablan de los grupos económicos formados en la dictadura nunca mencionan a los grupos económicos grandes, que sí tienen dentro de sus activos las grandes empresas licitadas por el Estado en el gobierno militar. ¿Y por qué? ¿Por miedo? ¿O porque son muy influyentes? ¿Porque tienen conexiones políticas muy importantes? ¿Cuál es la razón? ¿Por qué siempre nombran a grupos de segundo nivel? ¿Por qué no van al hueso, a los que realmente compraron las empresas públicas? Porque yo nunca he comprado una empresa pública, todas las que he comprado son privadas. Y en licitaciones públicas, menos Provida, que se la compré al CitiBank y al BankersTrust que no son precisamente niños de pecho que uno pueda engañar. Entonces, ¡díganme dónde están las empresas públicas que compramos! Ojo: no estoy haciendo ninguna crítica a los que compraron esas empresas ni a los procesos de licitación, porque no los he estudiado, si no que a la intencionalidad y parcialidad de los que hablan del tema sin mencionarlos.

¿Hay grupos económicos intocables acá?

Da la impresión que algunos son más tocables que otros.

¿A usted lo tocan demasiado?

Sí, pero son siempre las mismas personas, así que ya me da lo mismo. Solamente estoy remarcando el punto. Y no sólo por mí. Veo que de repente a alguna gente la tocan y la tocan, y uno se da cuenta que es por razones políticas. Y ya está bueno de tonteras, hay que decir la verdad de una vez por todas. Hay gente que gasta mucha plata en relaciones públicas, demasiada. Además déjeme decirle que uno de los socios fundadores de mi grupo fue un alto funcionario del gobierno de Allende. Y sigue siendo socio mío. Nunca le he mencionado a él este tema ni él a mí, porque me parece irrelevante. Lo único que quiero decirle es que este "grupo formado en la dictadura" tenía en ese tiempo más de un socio que eran opositores.

¿Y qué le parece Bachelet?

Me parece muy bien porque sacó más votos. El que gana es siempre el mejor. Ese es el sistema que tenemos. Ahora ha aparecido mucha gente que descalifican muy rápidamente pero no tiene los votos.

¿Son importantes sus aspectos personales para Ud? Separada, agnóstica, mujer.

Lo importante son sus capacidades para dirigir el país. Sus opciones personales sólo a ella le incumben. Además me molesta que pregunten eso. Creo que ni siquiera es una pregunta válida.

¿Por qué se metió a La Tercera?

Es una historia curiosa. Mi profesor Jacob Frenkel de la Universidad de Chicago, decía que el día que el mundo se acabara quería estar en Holanda. Y yo le pregunté por qué. Bueno, dijo, porque allá las noticias llegan al final. Con Copesa me pasó lo mismo, me llegó al final. El señor Picó encargó a Juan Villarzú y a Darío Calderón, ambos de la Concertación, que le buscaran un socio para capitalizar la compañía. Fueron a España, después hablaron con importantes empresarios de Santiago. Y no encontraron a nadie interesado. Entonces, un día Darío me dice ¿te interesa? No sé, le dije, ¿renta? Yo creo que sí, me dijo, Juan Villarzú lo ha estudiado e incluye una renegociación con el Banco del Estado.

¿Cómo estaba la situación de La Tercera entonces?

Mala. Pero entré porque el paquete negociado por Villarzú incluía capitalizaciones y renegociaciones que hacían ver una luz al final del túnel. En todo caso, mi riesgo era menor, yo entraba como un socio minoritario más, con un sexto de la propiedad.

¿Y cómo fue el proceso?

Al tiempo, Picó decidió vender. Yo llamé a muchos empresarios y ninguno quiso. Sólo Sergio de Castro aceptó y me mandó a un señor que se llamaba Juan Carlos Latorre. Ellos le compraron su parte a Picó, y pasaron a ser los accionistas mayoritarios. Podría haberlo hecho yo, pero no quise. En ese tiempo estaba interesado en sacar adelante el banco que era un buque pesadito. Juan Carlos Latorre manejó el diario desde entonces. Eso fue en tiempos de Pinochet. ¿Y cómo llegué a controlarla? Fue en el 2001, porque mis amigos necesitaban dinero y yo les compré a un precio bastante alto.

Y ahí decide meterse de lleno.

Nosotros somos así. Cuando me hago cargo de cualquier cosa, me meto con todo. Cuando no controlo, no me meto. Porque cuando uno no controla se te produce un proceso de frustración muy importante. Yo me siento más ejecutivo que accionista. Cuando uno es accionista minoritario tiene que aceptar lo que dice el mayoritario. Entonces yo dejo, confío. Y pasó en la etapa en que estuvo Juan Carlos Latorre.

También estuvo en La Época, que se cerró.

Un día, el gerente de La Época, Pablo Berward, me dijo que ayudáramos a salvarla. La Época estaba metida en líos de todo tipo, gigantescos, completamente endeudada, con deudas fiscales, previsionales. Y a mí me parecía interesante que no muriera ese diario, porque me gusta que haya medios de todo tipo. Y dije que bueno y se armó una nueva sociedad limpia.

¿Y qué pasó?


Un día los socios democratacristianos de La Época, me invitaron a una reunión a la casa de Fernando Molina. Allí estaba Juan Villarzú, y Edmundo Pérez Yoma y Genaro Arriagada, a quienes no conocía entonces. Ellos plantearon un plan estratégico para el diario, y yo les dije que no me parecía porque implicaba un gasto enorme que lo llevaría a problemas financieros. Y ellos me plantearon que les devolviera el diario, y esa misma noche lo acordamos. Hay que recordar que la empresa la manejaba entonces Latorre, que era DC. Hasta se consiguieron un aporte gigantesco de un empresario local, mucha plata.

¿Y cuánto duró el diario?

Alrededor de seis meses. Yo no era dueño, ni parte, ni nada cuando se cerró. Fue una gran pena, porque ese diario cuando éramos socios iba subiendo lenta y equilibradamente. Decir que tuvimos algo que ver con el cierre me parece un exceso.

Dicen que el Diario7 se lo compró para cerrarlo.

En primer lugar: la revista Siete+7 estaba quebrada. Pregunten. No existía. Por lo tanto, yo no compré ningún Diario7. Fundé un Diario7. El nuevo diario se hizo cargo de las deudas antiguas, sobre todo laborales, como parte del compromiso con la marca. Marca que tampoco se pudo entregar, porque alguien se opuso. En segundo lugar, ¿qué incentivos tenía para cerrarlo? ¿Porque era un medio de izquierda? ¡Por favor! Por circulación y orientación ni siquiera era competencia directa de nuestros otros medios, sino justamente lo contrario: un medio complementario. Y el Diario7... ¿¡qué quieres que te diga!? El Diario7 para mi es un dolor como creo que es para Mónica González, su directora, y para los periodistas. Con la gente del Siete me pasó algo que no me ocurrió con la gente de La Época. En el Siete me involucré, y sólo puedo decir una cosa: ellos no tienen ninguna responsabilidad en el cierre, los periodistas fueron todos esforzados. Los editores, también. Mónica hizo un trabajo titánico; Luengo, igual. La culpa fue de todo el resto, y me incluyo. El viernes pasado invité a casi todos los periodistas, directores y editores del Siete a comer juntos. Fue emotivo. Yo hice todo lo posible, con un costo personal y financiero, para salvar al Siete. Nadie colaboró con este diario. Yo no sé por qué.

¿Los otros socios?

No, la Concertación. Me llama mucho la atención que no lo hayan apoyado. Mucho. Fíjate que en este proyecto, Copesa terminó poniendo US$2 millones más y prorrogamos la vida del diario casi un año. Y no me arrepiento aunque la inversión se perdió por completo. Yo llegué a tomarle una gran estima a este grupo. Hemos tratado de recontratar al máximo de ellos, porque fueron periodistas que se sacaron la mugre por hacer un buen proyecto con recursos mínimos.

¿Por qué en Chile no puede hacerse un diario de centroizquierda o concertacionista?

Hay varias cosas: alguna gente de la Concertación tiene un toque arribista. Les gusta andar con los diarios del establishment bajo el brazo. Prefieren dar entrevistas y aparecer en la Vida Social. Lo otro: como en todas partes, tú envidias más al cercano que al lejano. Y le dan. En cambio, si es alguien que no conoces, no importa. Mira lo que pasa con los empresarios en Chile: a los locales los molestan; a los extranjeros los dejan tranquilos. Y una tercera cosa: los diarios que han tratado de ser de la Concertación -que no fue el caso del Diario7, que tenía un proyecto independiente -, son demasiado cargados ideológicamente. El Clinic cuando no le gusta algo de cualquier lado lo dice, y esa es una sus gracias. El Clinic tiene su línea política, nadie lo duda. La Tercera tiene esa gracia también. Tiene una línea clara, pero eso no significa aceptar cualquier argumento para defenderlo, aunque signifique denunciar a alguna persona relacionada al diario. A mucha gente eso no le gusta. En este país a algunos les encantan los incondicionales; pero al público, no. Al público le gustan las cosas independientes. Y la gente no es tonta.

¿Por qué se metió en el Siete?

Creo que es bueno para el país, me gusta la diversidad, en términos amplios, no sólo en lo político. A este país le falta mucho admitir diferencias de todo tipo. Pero de todo tipo. A lo mejor lo miro, como dice la canción, desde mi vereda. A lo mejor me ha tocado eso y por eso tengo esa sensibilidad. He tenido la suerte de estar en países más tolerantes donde si uno dice cosas como la caricatura que te mencioné, es grave. Acá, no. Acá esto es chiste. Esto vale para los mapuches, para la gente de otras razas, para los minusválidos y las opciones sexuales. Este país tiene mucho que aprender. Y también es válido para respetar la libertad de optar por ciertos movimientos religiosos porque a algunos no les gustan, cosa que veo a menudo. "Es que este tipo es del X". Eso no puede ser. Si se quiere respeto debe dejarse que las personas, sin adjetivizarlas, pertenezcan a lo que quieran. Yo no pertenezco a movimiento alguno. Sólo defiendo el derecho de hacerlo libre de estigmas. Para mí todas son expresiones de falta de tolerancia y no pueden terminarse unas y no otras.

Resumiendo, ¿quién es Alvaro Saieh?

Soy alguien que no se ha dado cuenta cómo se le ha pasado el tiempo. Lo he pasado bien. Me considero muy afortunado porque he podido hacer muchas cosas que otros no han podido. Si me preguntas qué es lo que más me gusta de todo lo que hecho, te diría que es viajar, conocer, especialmente la cultura de distintas civilizaciones, sobre todo las antiguas.

Etiquetas: